05 de octubre de 2026
En redes sociales circula lo siguiente sobre la feria centenaria de San Francisco. Para cualquier oriundo del Estado de Hidalgo es mas que sabido que esta celebración anual es esperada con ánimos de fiesta.
Pero entonces que está ocurriendo que se esta difuminando, extinguiendo esta celebración y justo ahora que se supone el gobierno de alternancia que esta en el poder es cercano al pueblo. Algo anda mal, muy mal. Analicemos lo que los ciudadanos escriben y manifiestan su sentir en los medios modernos de comunicación.
En Pachuca hay tradiciones que sobreviven a los años, a los gobiernos y hasta a los cambios de humor de sus autoridades. Pero también hay tradiciones que, aparentemente, pueden convertirse en un problema cuando empiezan a incomodar a las personas adecuadas. Y ahí es donde la historia de la Feria de San Francisco merece una buena dosis de ironía.
Durante décadas, la feria tradicional junto al Parque Hidalgo, frente al templo de San Francisco, formó parte de la memoria colectiva de los pachuqueños. Era mucho más que juegos mecánicos, puestos, antojitos y ruido: era una celebración vinculada con el corazón histórico de la ciudad. Sin embargo, llegó el momento en que aquella convivencia entre fiesta, patrimonio y vida cotidiana dejó de tener cabida en su emplazamiento de siempre.
Y entonces apareció el argumento de las molestias vecinales: el escándalo, las dificultades para entrar a las casas, los problemas para estacionar los automóviles y las incomodidades que inevitablemente produce una multitud cuando se instala durante varios días frente a las viviendas.
Un argumento perfectamente entendible. Porque, desde luego, nadie tiene por qué soportar indefinidamente el ruido, las aglomeraciones o la imposibilidad de acceder a su domicilio. El pequeño detalle es que, si ese principio se aplica, tendría que aplicarse también cuando las molestias ocurren en otros rumbos de la ciudad.
Y aquí comienza la parte verdaderamente interesante de esta comedia urbana. Porque resulta que las molestias de una feria no son exclusivas de las calles del centro. En el fraccionamiento Juan C. Doria y sus alrededores también hay vecinos que conviven con el movimiento, el ruido, los automóviles y las dificultades de movilidad que acompañan a las grandes celebraciones.
Y aquí surge una pregunta que cualquier pachuqueño puede hacerse sin necesidad de estudiar urbanismo: si las molestias vecinales justifican cambiar de lugar una feria, ¿por qué ese criterio no se discute con la misma seriedad en todos los lugares donde se instala?
La ironía es que la feria tradicional del centro terminó reducida en espacio y duración, mientras la celebración principal continúa en el recinto ferial del sur. Y los comerciantes y vecinos siguen reclamando recuperar parte de aquella tradición que, según testimonios publicados el 29 de septiembre de 2026, antes ocupaba las calles y jardines y se prolongaba durante una semana, mínimo.
Ahora bien, hay otro asunto que merece atención, aunque conviene distinguir entre una sospecha ciudadana y un hecho demostrado. En la conversación pública de Pachuca se ha señalado la cercanía de la vivienda familiar del gobernador y del negocio familiar “Tintorería del Norte” con la zona de San Francisco. De ahí nace una pregunta incómoda: ¿qué papel tuvieron esos intereses particulares en las decisiones sobre el uso de los espacios públicos?
Porque una cosa es proteger el descanso de los vecinos y otra muy distinta sería que las decisiones sobre una tradición popular terminaran beneficiando, directa o indirectamente, la comodidad o los intereses de una familia.
Pero para sostener que la feria se retiró con el propósito de proteger una vista o favorecer un negocio se necesitarían documentos, testimonios verificables o evidencias que acreditaran esa relación. La proximidad geográfica, por sí sola, no demuestra una intervención ni una intención.
Y si no hubo favoritismo, tampoco debería ser difícil explicar públicamente cómo se tomó la decisión, quién la solicitó, qué alternativas se estudiaron y por qué se eligió una solución que modificó una tradición centenaria.
Hay una diferencia enorme entre gobernar una ciudad y administrar las incomodidades de quienes viven en ella. Lo primero exige encontrar soluciones que contemplen intereses distintos; lo segundo puede terminar convirtiéndose en una sucesión de decisiones que simplemente trasladan los problemas de una calle a otra.
La Feria de San Francisco no es propiedad de un gobernador, de un alcalde, de un comerciante ni de los vecinos de una sola colonia. Es una celebración que forma parte de la historia cultural de Pachuca.
Y por eso, aunque las autoridades tienen la responsabilidad de atender los problemas de movilidad, seguridad, ruido y convivencia, también tienen la obligación de explicar qué criterios utilizan para decidir dónde se celebran las tradiciones de la ciudad.
Al final, lo verdaderamente curioso de esta historia es que Pachuca puede presumir una feria que cada año reúne a miles de personas, pero todavía tiene pendiente una conversación sobre el lugar que debe ocupar su celebración más tradicional dentro de la ciudad que la vio crecer.
La feria tradicional es en las inmediaciones del ex convento de San Francisco sin duda alguna. Por lo tanto ¿qué esta pasando que este gobierno esta desplazando la feria tradicional?
Caprichos, nepotismo, arbitrariedad….