"Nada teme el hombre más que ser tocado
por lo desconocido, solamente inmerso en
la masa, puede liberarse de ese temor".
Elías Canetti.

Twitter: @juliogalvezb

Estudios sobre ciencias políticas han comprobado que los políticos, con la finalidad de obtener mayores cuotas de control sobre los ciudadanos, utilizan distractores o magnifican las catástrofes y guerras como misión creep, es decir, a través de estas ocultan sus verdaderos objetivos y dispersan temor dentro de la masa para lograr manipularla mentalmente a través de los medios de comunicación.

Ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001, cuando derribaron las torres gemelas en Nueva York, esta catástrofe legitimó a los Estados Unidos de América, para iniciar una guerra por el petróleo contra países supuestamente “terroristas” que permitió la reelección de Gorge W. Bush como presidente de ese país.

En el caso de Irak el shock colectivo lo provocó la invasión, los bombardeos, dentro de una operación denominada precisamente “Conmoción y pavor” -”Shock and awe”- con el objetivo de “controlar la voluntad del adversario, sus percepciones y su comprensión, y literalmente lograr que quede impotente para cualquier acción o reacción”, según los autores del documento de doctrina militar que llevaba el mismo nombre. Tras ello, Paul Bremer decretó privatizaciones masivas en Irak y la liberalización del mercado.

En este orden de ideas, la doctrina del shock, consiste en causarle un impacto psicológico a la población a través de un hecho que desestabilice a la masa con el fin de implantarle temor y distraerla de otras problemáticas de mayor relevancia.

Sembrando miedo y magnificando las catástrofes dentro de la sociedad, nuestros políticos logran cumplir sus metas y objetivos mientras la ciudadanía se encuentra mentalmente manipulada por factores que distraen su atención de lo verdaderamente importante.

 
 
En este orden de ideas, quienes controlan los mercados logran cumplir sus objetivos económicos mientras la población se encuentra en estado de shock gracias a la magnificación de las catástrofes, como esta sucediendo actualmente con el conflicto entre Rusia y Ucrania, donde existe una guerra de desinformación para causarle temor a la población, a través de los medios de comunicación y el desarrollo de una estrategia de desinformación en las redes sociales.

Mediante la doctrina del shock, los gobiernos involucrados en el conflicto en Ucrania y los medios de comunicación buscan potencializar los distractores que le causan temor a la masa como lo es difundir propaganda sobre una posible guerra nuclear o mensajes clave sobre genocidio, guerra química, amplificación viral a través de perfiles bots o trolls en las redes sociales, etc.

Se sabe que Estados Unidos, a lo largo de su historia ha utilizado la desinformación y el miedo como táctica para provocar confusión y discordia como parte de su estrategia general de manejo de conflictos.

Argumenta Naomi Klein que la estrategia de la doctrina del shock, ideada por el economista Milton Friedman y puesta en práctica por sus poderosos seguidores -desde presidentes estadounidenses hasta oligarcas rusos, pasando por dictadores del Tercer Mundo, catedráticos de universidad o directores del Fondo Monetario Internacional-, consiste en esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las “reformas” sean permanentes.

“Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo depende de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

Ante esta situación, la información es la resistencia contra el shock, debemos impedir que los políticos y los medios oficiales de comunicación nos manipulen mentalmente difundiendo el pánico en la población, las nuevas generaciones deben hacer conciencia de que a nuestros gobernantes les conviene mantenernos dominados a través del miedo, el futuro de este país y el mundo dependerá de la capacidad de reacción que tengamos como sociedad en estos momentos de crisis.

La solidaridad es un valor que la clase política ha diluido en nuestra civilización, a esta le conviene que persista el individualismo consumista que vivimos para seguir controlando indirectamente nuestras vidas al desunirnos y dividirnos.
 
El día que recobremos el valor de la fraternidad universal y nos preocupemos por las demás personas a pesar de que afecten nuestros intereses personales (por ejemplo una marcha contra el gasolinazo que impide que lleguemos al trabajo), ese día los políticos obedecerán a los ciudadanos porque existirá un México donde quepan todos.

Mientras haya memoria, conciencia y resistencia, se estará abriendo un camino para un futuro diferente al que nos tienen preparado. De momento se está erosionando el monopolio de la verdad. El poder tiene los mecanismos para seguir gobernando contra los intereses de la mayoría. Pero no está siendo capaz de inocular su mentira en la sociedad. Por ahora dispone de impunidad, pero carece de hegemonía moral. Y esto, ya de por sí, simboliza toda una grieta en el tenebroso tratamiento de choque de la doctrina del shock.
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Julio Gálvez Bautista, es Licenciado en Derecho y Especialista en Derecho Civil por la Universidad la Salle; tiene estudios de Maestría en Derecho Procesal Constitucional y Doctorado en Derecho por la Universidad Panamericana. Desde el 2006 se ha desempeñado como profesor de licenciatura y postgrado, así como conferencista en materia de derecho constitucional y derechos humanos fundamentales.

Cuenta con diversas publicaciones en libros, revistas académicas y periódicos, ha enfocado su trabajo en temas sobre derecho constitucional, derechos humanos, derechos sociales, libertad de expresión y reforma gubernamental. Sus aportaciones al campo jurídico fueron utilizadas por el Congreso de Argentina para la despenalización de la tenencia para el consumo personal de estupefacientes y psicotrópicos. Es colaborador de la Revista Internacional de Derecho “Garantismo Judicial” presidida honoríficamente por el Profesor Luigi Ferrajoli y Dirigida por el Doctor Fernando Silva García. Actualmente es Director General del Semanario El Nuevo Gráfico y del Centro de Investigaciones Sociales (CIS).