Álvaro López | El Cerebro Habla 🧠

Hace más de cincuenta años, el filósofo Isaiah Berlin escribió un ensayo llamado “El Erizo y el Zorro”. En este ensayo se describe al erizo como aquel que ve el mundo a través de una gran idea o narrativa, mientras que el zorro es más minucioso y no cree que el mundo se pueda ver de tal forma.

El Erizo sabe una “gran cosa” y el zorro sabe muchas cosas.

Este ensayo fue retomado en el libro The Signal and The Noise por el estadístico Nate Silver (muy conocido por hacer estadísticas y predicciones tanto deportivas como estadísticas en Estados Unidos) para sugerir que a la hora de hacer predicciones políticas uno debe ser más un zorro y no un erizo. ¿Qué quiere decir esto?

Se dice que en 2016 las casas encuestadoras, que daban como favorita a Hillary Clinton, fallaron. La respuesta del erizo es simple: si las encuestas fallaron en el 2016, no se puede confiar en ellas en 2020 y hay que ignorarlas. Muchos de quienes predicen la victoria de Trump utilizan esta gran narrativa. Pero hacerla de erizo, como bien afirma Nate Silver, no es muy distinto a dar un resultado aleatorio o arrojar una moneda. En su libro muestra cómo los politólogos que salen en la televisión y que pronostican con base en sus intuiciones y sus grandes narrativas no suelen acertar más que una moneda que es arrojada al suelo. El caso del show de McLaughlin es ejemplar. Estos son los resultados de las predicciones de sus especialistas:


Pero el zorro no se conforma con grandes narrativas. El zorro se pregunta por qué fallaron, en qué fallaron y por qué margen fallaron. Cuando uno analiza los datos de 2016, se dará cuenta que en realidad las encuestas no se equivocaron tanto y no fueron mucho menos precisas que en otras ocasiones. En cambio, fueron algunos agregadores que, con base en esas encuestas, afirmaron que Hillary tenía más de 80% de posibilidades de ganar la elección.

EL ERIZO NO ENTIENDE DE ENCUESTAS

De acuerdo a RealClearPolitics, el promedio de todas las encuestadoras le daría a Hillary Clinton el triunfo en el voto popular por 3.2%. Hillary terminó ganando el voto popular por 2.1% (solo 1.1% menos). Tomando en cuenta que las encuestadoras generalmente suelen utilizar un margen de error del +/-3, podemos darnos cuenta que estadísticamente varias de ellas hicieron bien su papel.

Para explicarlo de una forma más sencilla. Digamos que, en un caso hipotético, AMLO gana por 12 puntos de diferencia a Anaya y Parametría muestra en sus encuestas (con margen de error de +/- 3 que AMLO ganaría por 16 puntos. En el otro, digamos que Calderón le gana a Peña Nieto por 2 puntos y Consulta Mitofsky pronostica que Peña va a ganar por un punto.

La opinión convencional (el erizo) dirá que Parametría acertó (porque al final el ganador coincidió) y que Mitofsky se equivocó (porque daba 1% de ventaja al candidato perdedor). Estadísticamente, Mitofsky tuvo un mejor desempeño que Parametría.

Lo que ocurre es que cuando el resultado de la elección es cerrada, existe la posibilidad de que una encuestadora haga bien su trabajo y no acierte al ganador. La elección de MORENA es ejemplar en este sentido, y también lo fue la elección del 2006, donde varias encuestadoras daban ventaja a AMLO pero dentro del margen de error existía la posibilidad de que Calderón ganara.

Con esto no quiero decir que en 2016 las encuestas no hayan cometido errores (el margen casi siempre cayó a favor de Hillary Clinton y ello tiene muchas explicaciones), pero dichos errores fueron más pequeños en magnitud de lo que se piensa.

El erizo, por ejemplo, va a desestimar que mientras que la diferencia que marcaban las encuestas entre Trump y Hillary eran del 3.2% el día de hoy la diferencia que Biden le lleva a Trump es del 9.8%. Como “las encuestas fallaron” todo esto le parecerá frívolo e intrascendente.

Otro error tiene que ver con la interpretación de los datos. A Nate Silver le llovió porque su agregador (que fue el más acertado) decía que Hillary tenía 71% de posibilidades de ganar. Un erizo que no analiza bien la información habría concluido que “Hillary ya ganó” porque el 71 es un número grande, pero en realidad lo que afirma es “Hillary tiene más posibilidades de ganar, pero Trump está lejos de estar muerto y puede dar una sorpresa”. Estadísticamente, es como decir: si las elecciones se llevan a cabo tres veces, Aproximadamente Hillary ganaría dos y Trump una.

Si uno comprende todo esto, entonces se podrá dar cuenta que no hay razón para desestimar por completo las encuestas sino que se deben tomar como lo que son: herramientas que marca tendencias, las cuales tienen un margen de error y no son completamente infalibles.

Y a pesar de su falibilidad, las encuestas suelen acertar con más precisión que las opiniones del erizo.

EL ERIZO NO DISTINGUE ENTRE PERCEPCIONES SUBJETIVAS Y HECHOS.

A mí no me gustó Biden en el primer debate: lo vi soso, aburrido, sin contundencia, me pareció que desperdició muchas oportunidades. Trump tampoco me gustó en lo absoluto, fue un simple bully que se la pasaba interrumpiendo.

Pero lo que yo percibo no es necesariamente lo que perciben todos. Mucha gente, después de ver al Biden que yo vi, afirmó de forma categórica que Donald Trump va a ganar.

Pero para constatar eso, deberíamos tener forma de medir el impacto del debate en los electores estadounidenses. El debate prácticamente no tuvo impacto alguno en las preferencias (de hecho, últimamente los debates no lo tienen) e incluso hubo una estrecha correlación entre el candidato al que el elector daba por ganador y el elector con el que simpatiza:

Un simpatizante de Trump dirá que su candidato dominó el escenario, que se vio más vivo y agresivo sobre un endeble Joe Biden. Un simpatizante de Biden dirá que su candidato contuvo la agresividad de Trump y se mantuvo en sus cabales.

Al final, la idea de que “no me gustó tal candidato en el debate, por lo tanto el otro va a ganar” es, de nuevo, una actitud de erizo porque está haciendo el pronóstico con base en un evento cuando lo que define el resultado de una elección es una multiplicidad de eventos que producen un resultado, eventos que no están siendo analizados.

¡ENTIENDE ERIZO! NO ES LO MISMO QUIÉN CREES QUE VA A GANAR A QUIÉN QUIERES QUE GANE.

En 2018 me atreví a pronosticar el triunfo de López Obrador. Muchas personas se me fueron encima por tratar de decir ello.

No es que fuera Nostradamus, en lo absoluto. Tampoco simpatizaba con él, no voté por AMLO, pero las tendencias eran muy claras. Las encuestas hablaban de más de 20 puntos de ventaja.

Claramente habían procesos sociales que lo podían sugerir (como el desencanto con la clase política, que AMLO era prácticamente el único opositor con una base leal de seguidores y también que AMLO se identifica mucho con la idiosincrasia del mexicano común), pero existía el riesgo de que en mi análisis omitiera otros eventos de los cuales no me había percatado.

Por ello es que seguí al agregador de encuestas de Oráculus, plataforma que elaboraron Javier Márquez, Sebastián Garrido (que es actualmente mi profesor en el CIDE) y otros, lo consultaba todos los días.

Los argumentos en mi contra eran: “todos dijeron lo mismo de Hillary”, “las encuestas están compradas”. Pero no sabían explicarme cómo y por qué. Decían que habían visto mal a AMLO en los debates y que “no era posible que alguien así ganara”. Me insistieron en que había un “voto oculto” como ocurrió en 2016 en Estados Unidos (sin importar que en EEUU hablábamos de diferencias de uno o dos puntos porcentuales y en México de más de veinte puntos).

Los argumentos estaban muy afectados por el sesgo cognitivo producto de las preferencias ideológicas. Algunos incluso se cegaban a ver la realidad. A mí no me agradaba tampoco, pero sabía que con esas tendencias las encuestas tendrían que cometer un error histórico de proporciones nunca antes vistas en el país. 

¿QUIÉN VA A GANAR? ¿BIDEN O TRUMP?

Hice leer un choro a mis lectores antes de llegar a la pregunta planteada en el título de este texto, y hacerlo así tiene un propósito que creo ya te es muy evidente.

Y lo peor es que mi respuesta no te va a satisfacer.

Seguramente esperarás de mi parte que “nombre a un ganador”, pero sería irresponsables hacer eso. Me explico:

Si las elecciones fueran hoy, pronosticaría el triunfo de Joe Biden, no sólo por los casi 10 puntos que las encuestas le dan de ventaja en el voto popular, sino porque también guarda una ventaja no despreciable en la mayoría de los estados bisagra. Recordemos que, como ocurrió en 2000 y 2016, un candidato puede llegar a ganar el voto popular y perder la elección (aunque en ambos casos la diferencia no superó los dos puntos).

Pero las elecciones no se llevan a cabo hoy. ¡Hoy ni siquiera es martes, es domingo!

Aunque la diferencia que tiene Biden sobre Trump no es nada despreciable, no es tampoco tan grande como para dar por muerto a Donald Trump. Es decir, la victoria de Joe Biden no está asegurada del todo, aunque sí creo que es lo más probable que ocurra porque, a diferencia de 2016, las preferencias no se han movido mucho (esto podría ser explicado en parte por el hecho de que Trump ya es Presidente de EEUU y la gente, a diferencia de 2016, ya tiene una idea muy fija sobre él).

Lo único que puedo decir es eso: Biden tiene más posibilidades de ganar la elección, pero su victoria no es segura del todo.

Predecir es problemático para las ciencias sociales y más que predecir, las encuestas muestran tendencias, y las tendencias, valga la redundancia, pueden cambiar con el paso del tiempo.

Si el día de la elección, con tendencias parecidas a las de hoy en las encuestas, gana Trump, sería un escándalo. Para las encuestadoras el 2016 sería una breve anécdota comparada con la gran tragedia que para ellas sería el 2020.