Remueven a Adán Augusto y crece la presión desde EE. UU.



Alonso Quijano 

Ciudad de México, 1 de febrero de 2026.

La remoción de Adán Augusto López Hernández como coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado no solo confirmó tensiones internas. También volvió a colocar su nombre en un contexto más amplio: el endurecimiento del discurso y de las acciones de Estados Unidos contra el narcotráfico en la región, un escenario que ha comenzado a reconfigurar equilibrios políticos más allá de las fronteras mexicanas.

El cambio se formalizó durante la plenaria morenista, donde López Hernández fue sustituido por Ignacio Mier Velazco. La decisión fue rápida, sin explicación pública y con un mensaje político implícito: existía desgaste, y la conducción interna requería un ajuste inmediato para evitar que el conflicto escalara. En términos prácticos, se trató de una operación quirúrgica que buscó contener costos antes de que se convirtieran en crisis abierta.

La salida de Adán Augusto reaviva cuestionamientos arrastrados desde su paso por Tabasco y los señalamientos políticos —nunca judicializados— relacionados con la operación del grupo criminal conocido como La Barredora. No existe resolución legal en su contra ni acusación formal que lo vincule penalmente; sin embargo, tampoco ha habido una aclaración institucional que cierre definitivamente ese capítulo, lo que mantiene el tema en una zona gris políticamente explotable.

A este escenario se suma el factor internacional. En Washington, el combate al narcotráfico volvió a colocarse como prioridad estratégica, con una narrativa de línea dura que no distingue entre actores actuales y figuras del pasado reciente. En ese marco, la influencia política de Donald Trump ha reforzado una agenda que privilegia el escrutinio, la presión diplomática y el uso de herramientas extraterritoriales como sanciones financieras o restricciones migratorias. Aunque no existe confirmación oficial de una investigación abierta contra López Hernández en Estados Unidos, el solo cambio de clima político incrementa los costos de mantener perfiles controvertidos en posiciones clave.

Dentro de Morena, la cercanía de Adán Augusto con Claudia Sheinbaum explica que su salida de la coordinación senatorial no se lea como una ruptura. Al contrario, en círculos políticos se menciona —sin confirmación— la posibilidad de una reubicación diplomática, fórmula recurrente para preservar capital político, reducir exposición mediática y mantener a los cuadros dentro del sistema sin confrontación abierta.

El relevo también modifica el equilibrio interno del partido. Adán Augusto era uno de los últimos operadores con peso propio heredados directamente del lopezobradorismo duro en el Senado. Su desplazamiento marca un tránsito hacia perfiles más institucionales, menos confrontativos y con mayor énfasis en la gobernabilidad parlamentaria, en un momento donde la relación con Estados Unidos exige señales de control y previsibilidad.

El mensaje de Morena es doble. Hacia adentro, ordena su estructura y reduce tensiones antes de que se desborden. Hacia afuera, envía la señal de que está dispuesto a mover piezas sensibles sin romper alianzas ni admitir culpas. Pero también deja claro que el pasado no desaparece: solo queda en pausa, a la espera de que el contexto internacional lo reactive.

La remoción de Adán Augusto no es un cierre político, sino un cambio de fase. Y en un entorno donde la agenda antidrogas de Estados Unidos vuelve a endurecerse, los silencios, las reubicaciones y los movimientos internos adquieren un significado que va más allá de la disciplina partidista. La pregunta queda abierta: ¿Morena se está adelantando a presiones externas o simplemente gana tiempo frente a un escenario que aún no termina de definirse?