
La calificadora recorta la deuda soberana a Baa3 —un peldaño sobre la basura financiera— y documenta un deterioro fiscal que se aceleró desde 2024, impulsado por el subsidio permanente hacia Pemex
Alonso Quijano
Ciudad de México, 20 de mayo de 2026.— Moody’s Ratings degradó este miércoles la calificación crediticia de la deuda soberana de México de Baa2 a Baa3, y modificó la perspectiva de negativa a estable, con lo que el país quedó a un solo escalón de perder el grado de inversión y caer en territorio especulativo. La calificadora advierte un deterioro fiscal sostenido y mayores presiones derivadas del apoyo financiero a Pemex.
La decisión no llegó sin señales previas. Bloomberg había advertido desde finales de abril que el veredicto crediticio de Moody’s se esperaba antes de concluir junio, en tanto que el país aún mantenía la calificación Baa2, dos escalones sobre el grado especulativo, y que un recorte implicaría tasas de interés más altas sobre nueva deuda y el riesgo de salidas de capital. Ese escenario se materializó este miércoles con la confirmación oficial de la agencia.
Moody’s señaló que el deterioro fiscal se aceleró desde 2024 y prevé que continúe debido al gasto rígido, una base tributaria limitada y el respaldo financiero recurrente a Pemex, factores que han reducido la capacidad del gobierno para estabilizar la deuda en un entorno de bajo crecimiento económico.
Los números que sustentan el recorte son concretos. El déficit fiscal se mantuvo en 2025 cercano a 5 por ciento del PIB, una vez incorporado el apoyo a Pemex, apenas por debajo del 5.3 por ciento registrado en 2024. Como resultado, la deuda bruta del gobierno aumentó a 49.3 por ciento del PIB en 2025, desde 46 por ciento en 2024 y 39.8 por ciento en 2023. En tres años, la deuda pública creció casi 10 puntos porcentuales del producto interno.
El factor Pemex figura como ancla del deterioro. Moody’s estimó que el gobierno federal otorgó apoyos a la empresa por alrededor de 35 mil millones de dólares en 2025, equivalentes a 1.9 por ciento del PIB, y presupuestó otros 14 mil millones de dólares para 2026. La agencia anticipó que los respaldos continuarán en los próximos años ante la ausencia de una mejora operativa sustancial en la petrolera.
La perspectiva hacia adelante tampoco ofrece márgenes. Moody’s prevé que los déficits del gobierno federal y del sistema de seguridad social permanezcan por encima de 4 por ciento del PIB entre 2026 y 2027, debido a la rigidez del gasto, menores ingresos ante una desaceleración económica y menores impuestos a combustibles para contener el impacto de los precios energéticos.
En cuanto al crecimiento, la calificadora recortó su previsión para México. La firma redujo su estimado a menos de 1 por ciento en 2026 y a 1.3 por ciento en 2027, y señaló que la inversión privada se ha desacelerado desde 2024 por restricciones estructurales relacionadas con energía, agua, logística y seguridad, así como por incertidumbre vinculada a la revisión del T-MEC y a cambios en el marco institucional, incluida la reforma judicial.
Moody’s no es la única agencia que ha encendido alertas sobre la posición fiscal mexicana. S&P Global Ratings también revisó recientemente el panorama crediticio de México de estable a negativo, citando debilidad fiscal persistente, niveles crecientes de deuda y crecimiento económico estancado. La agencia reafirmó la calificación soberana de largo plazo en BBB —dos escalones sobre el grado especulativo— pero la perspectiva negativa refleja una probabilidad elevada de degradación en los próximos 24 meses.
S&P identificó también la revisión del T-MEC en 2026 como fuente de inquietud para los inversionistas, advirtiendo que una eventual ruptura comercial con Estados Unidos podría debilitar la confianza y deteriorar la posición externa del país.
Pese al recorte, Moody’s reconoció que México conserva márgenes de contención. La agencia explicó que el cambio a perspectiva estable considera que México mantiene estabilidad macroeconómica, capacidad de respuesta de política monetaria y acceso preferencial al mercado estadounidense, y destacó la autonomía del Banco de México como un factor que ayuda a contener riesgos financieros.
La firma indicó que una eventual mejora en la calificación dependerá de una reducción sostenida del déficit y de la deuda, así como de menores riesgos contingentes relacionados con Pemex. En contraste, advirtió que podría haber nuevas presiones a la baja si el deterioro fiscal supera sus previsiones o si el crecimiento económico permanece débil durante un periodo prolongado.
El siguiente umbral es Ba1, la primera categoría del grado especulativo. Para México, cruzarlo significaría el inicio de una salida masiva de fondos de inversión institucional que por mandato solo pueden mantener activos con grado de inversión, con consecuencias directas sobre el tipo de cambio, las tasas de financiamiento del gobierno federal y el costo del crédito en toda la economía.