No existe un líder sindical pobre y él no es excepción



03 de mayo de 2026

Una huella del México autoritario es el pernicioso liderazgo sindical; sigue enraizado en la estructura política nacional. México está lejos de tener una democracia sindical y, más lejos aún, de transparentar el uso y destino de los recursos y las cuotas sindicales.

México tiene una larga historia de trapacerías cometidas por las dirigencias sindicales. Desde la época de Luis Morones (1890-1964). Puede afirmarse que un dirigente sindical es un personaje de inmenso poder y vasta fortuna.

Morones pasó de modesto obrero tipógrafo a secretario de Industria, Comercio y Trabajo durante la presidencia de Plutarco Elías Calles (1924-1928). Su nombramiento tuvo como mérito haber erigido la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) que, en los años 20, llegó a aglutinar a más de un millón de trabajadores.

La CROM demostró algo inédito para la época: la movilización de las masas en favor del régimen; enorme lección política.

Qué decir de Fidel Velázquez, uno de los artífices en la construcción de la CTM (1936), parte fundamental del PRI, y que mantuvo el cargo de secretario general desde 1941, después de que Lombardo Toledano fue su secretario general, hasta su muerte en 1997, con la excepción de un período: 1947-1950.

En el contexto sindical, el poder político y el dinero van de la mano. En México, el control del movimiento obrero fue un objetivo al que el Estado invirtió muchos recursos para crecer económicamente; y tuvo éxito. Sin duda, el llamado charrismo sindical es un factor que contribuyó a que el México, desde fines de los años 40, tuviera un éxito económico significativo: los obreros estuvieron sometidos por las dirigencias sindicales con el beneplácito del Estado.

Él no es la excepción, en la actualidad él es empresario, sindicalista, operador político y creador de estructuras que se movieron entre lo laboral, lo electoral y lo empresarial, su trayectoria está marcada por escándalos que, lejos de frenarlo, lo consolidan como una figura con poder propio.

Antes de convertirse en un personaje nacional, él ya tenía un historial oscuro. En 1998, la entonces Procuraduría del Distrito Federal lo detuvo por robo de vehículo y portación de arma prohibida. El caso no avanzó, pero quedó documentado.

Para el año 2000, sus inicios como dirigente sindical son turbios, creó el Sindicato Nacional de Trabajadores de Seguridad Privada, Vigilancia, Traslado de Valores, Manufacturas de Equipo de Seguridad, Limpieza, y Mantenimiento y Similares de la República Mexicana.

Como dirigente en el sector de seguridad privada vinculado a la CTM, el Consejo Nacional de Seguridad Privada lo acusó de extorsionar empresas con mecanismos de presión sindical. Este fue el primer asomo público de un modus operandi que más tarde se repetiría: el uso del sindicalismo como herramienta de control económico.

Durante estos años, él también fortaleció su presencia en redes políticas del PRI, que más tarde serían fundamentales para su crecimiento empresarial.

Líder de la CATEM y uno de los personajes más polémicos del sindicalismo moderno, ha construido su poder al amparo de la Cuarta Transformación. Su cercanía con Andrés Manuel López Obrador no es un secreto: congresos sindicales con presencia presidencial, discursos de lealtad absoluta y una narrativa en la que él mismo se define como “soldado de la 4T”.

Desde que Morena llegó al poder, la CATEM —una central obrera que nació como alternativa al viejo corporativismo del PRI— creció como ninguna otra. Y él se colocó al centro de ese nuevo mapa sindical: poderoso, mediático y con acceso preferencial al círculo político del presidente.

Pero con ese crecimiento también llegaron los señalamientos:

• Acusaciones de extorsión y agresiones en regiones como La Laguna, donde empresarios denunciaron presiones de grupos ligados a la CATEM.

• Disputas al interior de Morena por presuntas imposiciones en comisiones legislativas.

• Críticas por su estilo de vida: viajes, lujos y afición taurina que chocan con la austeridad prometida por el gobierno al que dice servir.

Él lo niega todo, claro tampoco diría lo contrario ¿cierto?, Habla de “campañas negras” del viejo PRI y presume elección democrática en su sindicato. Pero lo cierto es que su figura polariza, incluso dentro del movimiento que apoya.

Mientras tanto, la CATEM sigue creciendo y él permanece firme: aliado del poder, cuestionado por sus métodos y convertido en uno de los líderes sindicales más comentados del país.

En la historia reciente del sindicalismo mexicano, pocos han tenido tanta cercanía con el presidente… y tantos señalamientos a la vez.

Él será recordado sin duda por su nombre: Pedro Haces Barba.