La ausente en el estadio, la señora presidenta



14 de junio de 2026 

Entre 1940 y 1968, todos los presidentes de México contaban con el reconocimiento de la mayor parte de la sociedad, gracias a la bonanza económica, y los que gobernaron a partir de 1970, se hacían de oídos sordos: siempre creyeron que los gritos en su contra iban dirigidos a otra persona.

El 6 de marzo de 1943, el presidente Ávila Camacho inauguró el Hipódromo de las Américas -obra que además fue impulsada por interés propio- y permaneció en el foro como testigo de la primera jornada de carreras. La gente festejaba que el presidente estuviera presente; su cercanía con la gente era casi mágica por lo que se movía entre ovaciones y aplausos.

Miguel Alemán por su parte, se dio vuelo inaugurando foros de espectáculos y deportivos como el Auditorio Nacional el 25 de junio de 1952 o el estadio Olímpico Universitario, el 20 de noviembre de 1952 -unos días antes de entregar el poder. En ambos casos con la casa llena.

Gracias a la afición del presidente López Mateos tenemos Autódromo, el cual inauguró el 20 de diciembre de 1959, con los “500 kilómetros de México”, mismos que se echó enterito no obstante que el evento duró más de 4 horas. En 1970, Díaz Ordaz dio la patada inicial con la cual comenzó su historia el estadio Azteca.

Eran otros tiempos, pero siempre había la posibilidad de que el presidente fuera abucheado, recibiera mentadas o rechiflas a diestra y siniestra. Los abucheos al presidente comenzaron propiamente en la inauguración de los juegos olímpicos de 1968, y de ahí pa’l real. Desde Díaz Ordaz hasta nuestros días no ha habido presidente que no haya sentido el musical sonido de un “cuuuuuleeeeero” bien ganado -cuando menos-, pero todos han aguantado candela, hasta Enrique Peña Nieto que decidió inaugurar el estadio de los rayados del Monterrey siempre y cuando estuviera vacío.

“Fue un asunto de agenda”, seguramente dirán sus voceros, “lo que impidió que el presidente estuviera presente en el partido inaugural”. Pero lo cierto es que queda para la historia el hecho de que el presidente inauguró un estadio vacío por temor quizá a romper el récord de rechiflas y mentadas de madre, que Miguel de la Madrid se lo tenía tan bien ganado desde 1986.

En el verano de 1986 durante la copa mundial de futbol, los mexicanos pudieron percatarse de que tenían presidente. Así lo recuerda el escritor José Agustín:

“A las once y media un animador anunció la llegada de Miguel De la Madrid y entonces se inició una rechifla que acabó combinada con una gran ‘ola’ de todo el público. El locutor, impertérrito, avisó que venían los honores de ordenanza del presidente, lo cual ameritó otra rechifla, más fuerte que la anterior. De la Madrid con una sonrisita nerviosa, alzó una mano, con lo que creció la rechifla y se empezó a escuchar, cada vez más fuerte, que le gritaban ‘¡Culeeero, culeeero!’. Cuando Guillermo Cañedo, vicepresidente de la FIFA, mencionó a De la Madrid, otra rechifla ensordecedora se convirtió en ¡culeeero! y no dejó que se le oyera. Tampoco pudo hablar Joao Havelange, presidente de la FIFA, ni, por supuesto, el mismo De la Madrid, cuyo discurso duró menos de un minuto porque el Estadio Azteca retumbaba de los chiflidos, abucheos y gritos de ¡culeeero!”

Su sexenio será recordado únicamente por aquel remate de Manuel Negrete –volando por los aires-, para conectar un tiro que terminó en la portería de Bulgaria durante la copa del mundo.

En esta ocasión otra vez en plena efervescencia por el mundial de futbol 2026 se esperaba que la primera mujer presidente de México se diera cita en las inmediaciones del estadio para dar por inaugurado el mundial de futbol.

Pero, como la historia es una gran maestra, y dicta que seguramente los abucheos, rechiflas y demás se darían cita sin importar que sea la primer presidenta mujer. Entonceshabía que diseñar un plan para salir airosa.

Quizá por eso el plan que se le ocurrió a la mandataria fue que el boleto número 1 en lugar de ocuparlo lo otorgaba en una rifa a una aficionada que asistiera y disfrutara del evento.

De un plumazo la presidenta Claudia Sheinbaum daba un “jaque mate” a la afición sin dar oportunidad en plena cadena televisora a nivel mundial que las rechiflas y ovaciones en su contra se proyectaran.

Al menos por un instante –hecho de alegría y esperanza- los mexicanos olvidaron las catástrofes naturales, la quiebra del país y sus crisis personales mirando el partido inaugural de mundial de futbol 2026.