GRACIAS POR HABER VENIDO

Por Roberto Longoni.

Por las copas vacías y los lugares que alguna vez escucharon sus ecos. Porque el ambiente se torna algo extraño y familiar, melancólico y alegre. Por los caminos recorridos que aún guardan ciertos aromas, ciertos polvos, ciertas esencias. Por las semillas que después de su partida germinaron y de la ceniza se volvieron abono sobre los cielos y la tierra. Por cerrar los ojos y verlos de nuevo. Por el pasillo adornado de flores amarillas que les vuelve a dar la bienvenida. Por la confusión de los mundos, las realidades, los días y sus noches. Porque no hay temor, hay espera y hay esperanza. Hay amor y vigilia. Por los cigarros, el pan, la cerveza y aquel platillo que les encantaba. Por el rincón donde alguna vez lloraron, donde besaron y rieron, donde vieron la luz y decidieron seguir adelante. Por las tardes que compartimos y por las que los encontraron ausentes. Porque los perros aún ladran cuando suena el timbre, y aún esperan verlos entrar por la puerta.

Por el regalo de haber sido y por todo el tiempo que sin ustedes no hubiera sido. Y porque hoy decidimos celebrarlos a ustedes, nuestros muertos. Y más que su muerte celebramos su vida. Celebramos que algún día fuimos juntos y que al final siempre seremos. Celebramos que a pesar de haberse ido, siguen vivos en el corazón, en nuestros recuerdos, en cada instante que más que desolado se va volviendo un regalo. 

Por la ofrenda que hoy les damos, por las sonrisas y los gestos de las fotos que adornan los altares, porque el camino los traiga de regreso. Bienvenidos a casa de nuevo. Gracias por haber venido; gracias por haber vivido.