UN VOTO POR LA OSCURIDAD.


Por Álvaro López.

Lo que sucedió con Colombia el día de hoy nos deja una gran lección.

Primero, que los votantes son más bien irracionales y no racionales; segundo, que las encuestas no son una herramienta de referencia fidedigna; y tercero, que el miedo es un gran arma electoral, mueve masas de forma inimaginable.

Cierto, mencioné tres lecciones y no una. Pero es que sabiéndolas interpretar, se resumen en una sola: Donald Trump puede ganar la presidencia el 8 de noviembre.

Quienes claman que los acuerdos de paz en Colombia no eran justos posiblemente tengan razón. Muchos esperaban ver a los miembros de las FARC enjuiciados y no “legalizados”. Pero también es muy cierto que con estos acuerdos se terminaría una guerra que ha lastimado tanto a este país y que no tenía salida. Curiosamente el SÍ ganó en aquellas regiones más lastimadas por la guerra, y el NO ganó en aquellas regiones “cómodas” que posiblemente no entienden que significa vivir en esas circunstancias y no les ha tocado.

Un día que pudo ser histórico se convirtió en uno oscuro. Los colombianos votaron por la guerra movidas por el miedo, así hay que decirlo, no es necesario ser políticamente correcto. Paradójicamente, un dos de octubre, ese día infame para la historia mexicana por la masacre de Tlatelolco, en Colombia se votó SÍ a la guerra.

Me siento apenado por mis amigos colombianos que están consternados por la decisión que han tomado sus connacionales. Pero lo que me preocupa más es lo que falta por venir.

El miedo, la ignorancia y los sentimientos viscerales están ganando terreno en un año oscuro para la democracia liberal. Los muros, la nostalgia por el pasado, la cerrazón. Si uno quiere buscar paralelismos con el escenario de entre-guerras, posiblemente los encuentre y seguramente no serán pocos. Son esos mismos sentimientos los que dieron pie para que el fascismo ascendiera y causara una gran tragedia global.

El 8 de noviembre podría convertirse en uno histórico, pero no por tratarse de el fin de alguna dictadura, del derrocamiento de un régimen opresor o el fin de una guerra, sino todo lo contrario. A estas alturas, mucha gente sigue confiada y piensa que Donald Trump tiene la elección perdida. Las encuestas no lo marcan como favorito, pero las encuestas tampoco marcaron como favorito al Brexit, y mucho menos al NO en colombia. Puede pasar cualquier cosa.

Habría qué preguntarse qué está pasando en el mundo para que esta ola de retrocesos se expanda por todo Occidente. ¿Está la democracia en crisis?

La respuesta no es simple. En algunos países las clases medias se han estancado, y a diferencia de décadas anteriores, no sienten que el futuro les vaya a ser muy promisorio. ¿Las razones? Varias, entre ellas están los avances tecnológicos. propios de la transición de una sociedad industrial a otra de las tecnologías de la información, que están desapareciendo puestos de trabajo poco cualificados que serán sustituidos por máquinas o inteligencia artificial -Trump tiene mayoría de votantes en estados donde este tipo de empleos están desapareciendo, y el Brexit ganó mayoría de adeptos en regiones similares-. Por otro lado, el deterioro del estado de bienestar (welfare state) causado por un lado por lo insostenibles que son las pensiones y porque políticamente ya no ha sido tan rentable sostenerlas -recordemos que en muchos casos se implementaron con el fin de contrarrestar fuerzas con el comunismo soviético-, así como la concentración de recursos en una minoría también ha creado una sociedad más desigual.

Es cierto, este es un problema real que invita a replantear el sistema bajo el cual vivimos. Francis Fukuyama alerta sobre un deterioro en el sistema político de Estados Unidos, fenómeno que se replica en muchos países occidentales. El politólogo estadounidense afirma que los sistemas no son eternos y tienden a la entropía, cosa que ocurre con los Estados. Ese deterioro ocurre cuando el Estado se vuelve incapaz de adaptarse a las circunstancias para poder satisfacer las necesidades de sus gobernados. En muchos países, el sistema democrático ha mostrado cierto deterioro. La sociedad occidental ha sufrido muchos cambios mientras que sus gobiernos se han mostrado rezagados. Fukuyama afirma que el sistema político estadounidense se ha mostrado inoperante. Moises Naím por su parte, afirma que el poder se ha fragmentado de tal forma que los gobiernos son incapaces de tomar decisiones determinantes por el “exceso” de contrapesos, mecanismos y trabas que fueron concebidos originalmente para evitar el exceso de poder.

La misma desigualdad puede ser un peligro para la democracia. Como sostiene el propio Fukuyama, las democracias surgieron en países con una clase media de tamaño considerable. Aquellos países cuya clase media es reducida, han tenido más problemas para sostener un régimen democrático, o bien, son regímenes autoritarios. En este sentido no es raro que muchas manifestaciones que van en contra, como las de Donald Trump, se den en países, o regiones, donde la clase media está estancada, de la misma forma en que ocurrió con el debilitamiento de las clases medias tras la crisis de 1929 que prendió la mecha para que los regímenes fascistas ascendieran.

Pero si bien, estos signos son reales, la reacción es bastante desproporcionada. Y me atrevo a decir que es así, porque dicha reacción no sólo se alimenta de este estado de las cosas, sino de los discursos demagógicos y de miedo pronunciados por aquellos que afirman, con cifras irreales a la mano, que el mundo está peor que nunca. En realidad, a pesar de lo que acabo de mencionar, hay muchos otros indicadores que contradicen los discursos de estos demagogos que desde la extrema izquierda o derecha, buscan engañar a sus simpatizantes.

Por ejemplo, a pesar de los atentados en varias ciudades de Europa, la violencia en el mundo se encuentra en su mínimo histórico:


De la misma forma, la pobreza extrema se ha reducido de forma considerable.


A pesar de que las cifras no son tan pesimistas como muchos creen, la percepción tiene un papel muy importante en el discurso de aquellos demagogos que buscan poner la reversa. Un atentado en una ciudad como París donde 80 o 100 personas mueren no tiene gran relevancia estadísticamente hablando, pero sí lo tiene de forma simbólica, París es considerada la capital cultural de Occidente y un atentado contra esa ciudad, es un atentado contra el corazón occidental. DAESH y demás organizaciones terroristas, han sido de alguna forma efectivos en su intención de debilitar a Occidente. Los atentados perpetrados han alimentado el discurso de los demagogos como Trump, y quienes podrían alterar el orden.

El caso de Colombia posiblemente no tenga mucha relación con el estancamiento de las clases medias y demás factores que mencioné, pero sí ejemplifica el papel que tiene el miedo a la hora de salir a votar.

A pesar de que Hillary va a la cabeza en las encuestas, los discursos irracionales basados en los sentimientos más primitivos y viscerales pueden terminar modificando las tendencias. ¿Habremos aprendido la lección? Lo sabremos el 8 de noviembre. Y espero que sí lo hayamos hecho, de lo contrario, podrían venirse tiempos muy oscuros.

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Fuente: El Cerebro Habla.