01/11/20

A dos años de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el camino se ve aún largo y sinuoso.

Tras un período neoliberal lleno de fraudes, robo, tranzas y avaricia del cual sólo hemos visto la cima de la enorme montaña de corrupción de los gobiernos pasados, dirigidos por los descarados prianistas y anexas, hoy vislumbramos la luz en las grietas de esa gran tiniebla.

El derrumbe de ese gigantesco monstruo es indubitable.

Pareciera que así marca esta Nueva Era, hacia un mundo más espiritual de empatía, plenitud y conciencia, aunque se resistan las malas vibras de egoísmo, poder y fronteras y persistan los anhelos de poder de los gobiernos de derecha.

Se requiere de Actitud para cambiar los pensamientos, la visión y mejorarnos, no solo a nosotros, a nuestras familias o negocios, sino también la vida ajena. 

Valor para hacer frente al engaño, la desigualdad, al traidor y exhibir la corruptela.

Paciencia ante la adversidad, las buenas obras, las malas y las ofensas.

El tren está en marcha, quizás el avance sea mucho o poco, según los ojos de quien lo vea, pero hay una gran diferencia: se acaban los privilegios y ahora los más ricos se quejan, el pueblo bueno va por delante, que ni duda quepa.