25/11/21

Mucho se ha escrito sobre la época de la revolución mexicana, sus personajes llenos de misticismo, sus paisajes rurales y la transformación que dejaba a su paso la máquina de vapor con su “futurismo” de la industrialización, canticos, mitos y leyendas se escuchan en la letra de corridos, donde se describe “arquetipos” de mujeres y hombres de aguerrida valentía o tal vez del salvajismo que generaba la época de fuego, plomo y vejación.

Dice el dicho, muy bien dicho; ¡la historia es de quien la cuenta!, tal parece que así es, puesto que no es común leer historias narradas sobre esta época que describa los contextos con temática en violación de mujeres campesinas, poco se habla de los huérfanos que superaban los miles de sobrevivientes, y que decir de las prácticas homosexuales donde personajes de renombre fueron participes hasta en amoríos y posibles conflictos que mermaron en las estrategias militares para las causas del momento.

Por otro lado, es inevitable no incluir en esta narrativa el llamado “espiritismo”, práctica que desarrollaron de forma secreta algunos grupos en el poder que bien pudieron describirse como sectas, u órdenes donde disponían sobre la mesa las direcciones de la nación a través de los conocimientos de sus maestros o de sus “médiums” como fuera el caso de Don Francisco Indalecio Madero, quien fuera avisado sobre su futuro a través del hermano pequeño fallecido de nombre “Raúl”, quien según los textos de órganos espiritistas como “helios”, marcaron el destino de madero como padre ejemplar y político que llevaría el cambio de una nueva época a la nación bajo el eje del “autosacrificio”, (está por demás describir la “decena trágica”).

La revolución como pretexto para la defensa de los bienes de la nación y el reparto de tierras a través de la guerra, sigue en un principio sin finalizar, ya que a pesar de los años los asuntos agrarios siguen tan arcaicos, disponibles en las manos de unos cuantos, a pesar de la creación de instancias como el RAN, la procuraduría agraria y los tribunales unitarios, las comisarias ejidales siguen haciendo de las suyas bajo esquemas de corrupción e impunidad en el yugo patriarcal.