Juez y parte.



Jorge Montejo.

Se ha revelado que Marco Rico, presidente de Morena en Hidalgo, y Marivel Solís, Secretaria general del mismo partido, han decidido dar un paso más allá en la política al inscribirse como candidatos para las elecciones, el primero buscando una diputación federal y la segunda, nada menos que el Senado por Hidalgo.

Este movimiento ha generado un debate sobre la ética en la política, ya que algunos críticos consideran que al ocupar roles de liderazgo en su partido, deberían abstenerse de participar directamente en las contiendas electorales. La expresión "juez y parte" cobra relevancia en este contexto, sugiriendo un conflicto de intereses evidente al ser tanto los líderes del partido como aspirantes.

La falta de separación entre las funciones de liderazgo partidista y la búsqueda de cargos legislativos clave pone de manifiesto una preocupación fundamental sobre la integridad y los principios en la política. La priorización de los intereses personales sobre los colectivos deja entrever una brecha ética que, para algunos, podría erosionar la confianza de la ciudadanía en el proceso político.

En contraste, los defensores de esta decisión argumentan que la participación activa de líderes partidistas en las elecciones fortalece la conexión entre los representantes políticos y la base. Sin embargo, la cuestión ética persiste, ya que se espera que quienes lideran un partido actúen como árbitros imparciales, guiados por principios fundamentales que vayan más allá de sus aspiraciones personales.

Este episodio subraya la importancia de que en la política se mantengan ideales y principios sólidos. La confianza del electorado se construye sobre la base de la transparencia y la coherencia entre las acciones y las declaraciones. La participación simultánea como líderes y aspirantes plantea preguntas sobre la capacidad de los políticos para separar sus intereses personales de las necesidades de la colectividad.

En conclusión, la dualidad de roles desempeñados por Marco Rico y Marivel Solís en Morena en Hidalgo abre un diálogo crucial sobre la ética y los principios en la política. El reto radica en encontrar un equilibrio que permita la participación activa sin comprometer la integridad del proceso electoral y, en última instancia, la confianza del pueblo hidalguense en sus representantes políticos.