El consumo excesivo de videos en formato corto (como TikTok, Reels o Shorts de YouTube) podría estar afectando severamente la atención y la memoria de millones de personas. Según recientes informes, este tipo de contenido genera picos constantes de dopamina, condicionando al cerebro a buscar gratificación inmediata y reduciendo su capacidad para concentrarse en tareas más profundas, como leer, estudiar o trabajar .
Algunos medios han señalado que estos efectos podrían llegar a ser cinco veces más perjudiciales que el consumo moderado de alcohol en términos de atención y memoria . No obstante, esta cifra no está respaldada por estudios científicos concluyentes, por lo que podría tratarse más bien de una hipérbole sensacionalista.
En contraste, investigaciones académicas como la del equipo de Chiossi et al. (2023) han demostrado que el formato de video corto perjudica significativamente la capacidad de recordar intenciones después de interrupciones – conocida como memoria prospectiva . Además, conceptos como la “podredumbre cerebral” reflejan preocupaciones serias: el consumo continuado de contenido trivial en internet se ha asociado con la reducción de la materia gris y deterioro cognitivo . Instituciones como la AEPD han advertido que el uso intensivo de contenido digital puede ser más dañino que el alcohol o el tabaco, especialmente en la infancia y adolescencia . También se ha documentado cómo este tipo de contenidos fragmentan la atención y afectan el bienestar emocional y los patrones de sueño en niños .
En cuanto al alcohol, está ampliamente demostrado que, al interferir con vías cerebrales, disminuye la capacidad de juicio, memoria y coordinación, e incluso altera la estructura neuronal, especialmente con consumo excesivo prolongado .
En definitiva, aunque afirmar que los videos cortos sean “cinco veces más dañinos que el alcohol” carece de respaldo sólido, sí hay evidencia de que su consumo desmedido puede tener consecuencias negativas reales en la cognición. Es imprescindible fomentar hábitos digitales saludables, límites en el tiempo de pantalla y consumo de contenidos profundos, para preservar nuestra salud mental y cerebral.