
18 de enero de 2026
En un interesante artículo, la internacionalista Ana María Salazar escribió una frase que es clave para entender dónde queda parado México con el discurso de Donald Trump.
Salazar asegura que quienes interactúan con Trump “deben entender cuatro motivaciones que guían su conducta: ego, imagen, venganza y negocios”.
Partiendo de esa idea, declararse abiertamente su aliado y encontrar la forma más razonable posible para que obtenga algún logro vendible parece la manera más evidente de ayudarle a que su imagen crezca y su ego se aplaque. Decirle que no a todo, descartar públicamente sus ideas y desestimar sus palabras es, en cambio, una manera casi segura de activar la motivación de la venganza. Nicolás Maduro mostró que esa no es exactamente la mejor ruta de acción.
Y es que con la operación militar que decapitó a la dictadura venezolana no solo debería ser claro que Trump no está fanfarroneando cuando dice que está dispuesto a todo para atacar a los cárteles.
También debería ser claro que la capacidad tecnológica y operativa de las fuerzas armadas de Estados Unidos les permiten actuar de maneras que no tienen que ser forzosamente un desembarco de los Marines en Veracruz o un ataque con misiles a un “narcolaboratorio”.
La capacidad estadounidense para desestabilizar y romper la gobernanza político-criminal en México puede venir de una operación encubierta de extracción de un capo, de un ataque cibernético que desnude redes criminales en el sistema financiero mexicano, o de una operación de guerra no convencional que incapacite a grupos enteros de la delincuencia, como hizo Israel con Hezbollah en 2024.
Por eso, cuando Trump dice que Sheinbaum es una “mujer maravillosa”, pero que los cárteles son los que realmente gobiernan México, no está improvisando un insulto mal disfrazado de elogio. Está lanzando una advertencia para la cual la soberanía suena menos a argumento válido y más a coartada para eludir o encubrir.
Las rupturas entre países, como las rupturas entre las personas, comienzan cuando estas dejan de compartir un lenguaje común.
Los discursos de los presidentes de México y Estados Unidos muestran que cada quien está hablando su propio idioma para su propia audiencia. La presidenta Sheinbaum habla de principios que satisfacen a su base de apoyo real, es decir, a AMLO y a los duros de Morena.
El presidente Trump habla de fuerza y poder crudo y sin frenos para satisfacer a los duros de su gobierno y del movimiento MAGA.
Una se envuelve en la soberanía para defender un estado de cosas que es indefendible desde hace mucho. El otro usa la palabra como el relámpago que precede al trueno que lo destruirá todo, no para construir un nuevo orden, sino para reinar en el caos.