Morena sin AMLO: El circo sigue, pero el domador ya no está



Jorge Montejo

07 de abril de 2025

Copian las mañaneras, copian el discurso, copian los gestos; lo único que no pudieron copiar fue el carisma. Sin López Obrador en Palacio Nacional, las figuras visibles de Morena descubrieron lo que muchos ya sabían: que no eran líderes políticos, sino accesorios de un poder que no construyeron y que, sin su dueño original, no saben cómo sostener.

El experimento político más costoso de la historia reciente de México consistió en meter dentro de un mismo partido a militantes fundacionales, chapulines de extracción priísta, expanistas reciclados, actores de reality show y operadores sin ideología identificable, y esperar que la figura de AMLO los mantuviera cohesionados. Funcionó mientras duró. Ahora, sin esa gravedad central, el proyecto orbita en el vacío: un partido que prometió devolver el poder al pueblo y que terminó repartiéndolo entre quienes saltaron al bote de Morena en el último minuto, cuando ya era seguro subirse.

El resultado es predecible. Tres diputadas de su propio partido le votaron en contra a la presidenta en su reforma electoral. El PT y el Verde —los aliados de toda la vida— traicionaron la disciplina de bancada sin mayor ceremonia. Sergio Mayer pidió licencia para irse a un reality show y dejó su curul como si fuera un turno de dentista. Y la respuesta de la presidenta ante cada crisis interna ha sido la misma: “No es una derrota.” Técnicamente, tiene razón; lo que está ocurriendo es algo más profundo que una derrota.

AMLO sabía lo que vendría. Construyó un movimiento sobre su figura y dejó como herencia un partido que, sin él, no tiene ni el discurso original ni la autoridad moral para sostenerlo. Sus sucesores heredaron el poder, el presupuesto y la maquinaria electoral. No heredaron la convicción. Y en política, esa diferencia lo es todo.