La noche del 15 de septiembre no fue una fiesta patria, fue un desfile de excesos. Llega el mes de septiembre y todos los habitantes de México se vuelven patriotas. Sus casas las engalanan con banderas de México, serpentinas, papel picado, rehiletes, confeti, se visten de charros y Adelitas con tal de parecer “bien mexicanos”. Es interesante como también se unen a este patriotismo los burócratas, las escuelas, los edificios, el alumbrado público, las plazas principales, en fin, todo se matiza con los colores patrios.
Pareciera ser un país que ama la historia y que se preocupa por lo que acontece a diario; sin embargo la realidad es otra muy distinta, el mexicano promedio desconoce el nombre completo del “Padre de la patria” -Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor- olvidan o simplemente no les interesa saber los porqués de la independencia respecto a Nueva España.
Mientras al pueblo se le receta “austeridad republicana”, a los gobernantes se les sirve un banquete de lujo con cargo al erario.
-$20 millones de pesos por un espectáculo decadente
- Artistas que cobran 10 millones por cantar.
- El maquillaje de gobernadoras que parecen salidas de un cabaret superó los 200 mil pesos.
- La pirotecnia, la florería y el escenario sumaron millones más.
- Vestidos de alcaldesas y gobernadoras, valuados en más de 100 mil pesos, diseñados por la Casa de Modas Fher Santos, el mismo que lució una Miss Universo.
Vestidos rojos, blancos y verdes emulando los colores de la bandera patria repletos de pedrería y cristales, con transparencias y capa, digno de pasarela internacional… pero pagados con dinero del municipio y de los estados donde faltan medicamentos en loshospitales generales, las calles llenas de baches y la inseguridad el pan de cada día.
La pregunta inevitable: ¿sabrá de este derroche la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo? Y si lo sabe entonces se vuelve una cómplice de estos derroches y por tanto el discurso de un gobierno austero no es más que mera retórica.
Porque mientras ellas presumen “honestidad y austeridad”, en los hechos se repite la vieja historia: lujo para los funcionarios, carencias para el pueblo.
Así se escribe la verdadera cara de este gobierno supuestamente cercano a los pobres, en donde son millones gastados en una sola noche, en una sola persona, mientras las comunidades siguen esperando justicia, salud y seguridad.
La “transformación” termina siendo un disfraz caro, bordado en pedrería, que oculta la misma corrupción de siempre solo que con nuevos rostros que siguen siendo la miseria y escoria de los partidos políticos de este país.