Juan Manuel Menes Llaguno 
Cronista del Estado de Hidalgo.

Por mucho tiempo, la hoy comercial calle de Guerrero de la ciudad de Pachuca fue simplemente la arteria donde se iniciaba el “Camino a México”, inclusive ese fue el nombre que recibió al menos hasta 1864 el trayecto ubicado entre la actual calle de Doria y por el sur hasta el sitio donde se encontraba la entonces garita encargada del cobro de alcabalas, levantada, mas o menos donde hoy se encuentran el Jardín del Maestro y el Parque de la Familia, ya que el tramo hacia el norte, entre Doria y los paredones de la hacienda de El Progreso en el llamado barrio del Topacio (Escuela Justo Sierra) fue conocido como calle del Comercio, que incluía el tramo en la Plaza de la Diligencias –hoy de la Independencia– y la actual calle de Guerrero.

Eran dos tramos verdaderamente contrastantes, el primero corría hacia el sur, en medio de casas habitación, caballerizas, corrales, mesones y uno que otro comercio, tramo en el que por cierto existía una acequia pestilente, que reducía el espacio para la circulación de carruajes, recuas y jinetes, que debían soportar junto con los transmutes, el nauseabundo olor de aquel drenaje a cielo abierto, por otro lado la sinuosidad del arroyo de la calle la hacía proclive a encharcamientos pantanosos que en época de lluvia eran imposibles de cruzar por los transeúntes.

Al llegar al sitio donde se construiría a principios del siglo veinte, la estación del Ferrocarril Hidalgo –desplantada en lo que sería medio siglo después la Plaza Juárez– aquella arteria que no es otra que la actual Avenida Juárez se tendía en medio de tierras y cultivo por el oriente y algunas casas por el oriente hasta las llamadas garitas oficiales –esquina de las actuales Juárez y Mejía– sitio donde se desplantaba la garita una pequeña oficina, levanta frente una explanada, donde paraban los arrieros con su recua y los vendedores de pulque con su pesados carromatos, que tras la inspección de rutina, cubrían el impuesto alcabalatorio respectivo para poder introducir sus productos a Pachuca, aunque la mayoría, lo hacía por otros rumbos para evadir el pago de aquel impuesto, por muchos el terreno de aquella aduana, fue ocupado por una gasolinera que hoy permanece bardeada. 




El segundo tramo, que partía de Doria hacia el norte, estaba en cambio poblado de tiendas de abarrotes, pulquerías, almacenes de ropa y zapatos y en sus inmediaciones se situaba la popular “Plazuela del Ixtle” –actual plaza Juan C. Doria–lugar donde se expendían, costales, lazos, mecapales, bolsas y otros productos confeccionados con esa fibra textil, obtenida de la penca de los magueyes, que es y ha sido de ancestral uso en el centro de México. No lejos de allí en los muros del Edificio de Las Cajas Grandes, construido por la Compañía Inglesa de minas en la década de los años treinta del siglo diecinueve, convertido sucesivamente en Cuartel de Rurales (1862), Escuela de Artes y Oficios (1918) y finalmente en la actual escuela Justo Sierra (1931), se tendía el mercado de la pulga, donde se expedían artículos usados, pantalones, sombreros, zapatos y otros objetos, en muchos casos de dudosa procedencia.

El trayecto de Doria al Topacio, era también confluencia de otras arterias que de oriente a poniente, conducían a la Plaza de las Diligencias, –hoy de la independencia– al templo de Nuestra Señora de Guadalupe, –ubicado donde hoy se encuentra el antiguo edificio de la Universidad de Hidalgo– al “Mercado de la Fruta” (actual Miguel Hidalgo) y a la parroquia de la Asunción donde también se encontraba la Plaza de Constitución, con sus portales y explanada de Mercaderes.

Todavía en los años veinte, del siglo anterior, era costumbre que arribasen a Pachuca carromatos cargados con barricas de pulque –que no pasaban por cualquiera de las aduanas que existían– quienes vendían en plena calle, sin más permiso o licencia que la de quienes consumían el producto y era precisamente en la calle de Guerrero, antigua del Comercio, donde con más frecuencia se efectuaba este comercio informal del neutle. El imparcial del 3 de noviembre de 1919, se quejaba de los espectáculos denigrantes que algunos parroquianos armaban en plena vía pública, después de consumir cuatro o cinco jarras de pulque, en los carromatos que se estacionaban en la puerta de afamadas tiendas, como la Abastecedora del Pueblo, la Panadería la Espiga y otras, ubicadas en la calle de Guerrero.

Mas la ciudad se fue transformando, primero el empedrado y la construcción de banquetas acabó con la acequia abierta en la calle de Guerrero que tanto deterioraba el ambiente de aquella calle, que terminó por convertirse en la más importante arteria comercial, vía que de norte a sur atravesaba toda la población comunicando a los diversos barrios con cualquier punto importante de la ciudad.

Cuando en diciembre de 1926, se incendió la explanada de barreteros, frente al templo de Nuestra Señora del Carmen, la antigua calle “Camino a México” se vio transformada con la construcción de un mercado de digna arquitectura que mucho coadyuvó a cambiar la imagen de esta arteria considerada hoy como una de las más importantes de Pachuca, la misma que actualmente intenta resurgir después de la debacle económica que entraña ya la cuarentena del coronavirus, para ello se requerirá del concurso de todos los comercios que allí se encuentran, ojala que empiecen por mejorar el horario de sus servicios, pues hay negocios que a las 11 de la mañana no inician operaciones. A dios rogando pero con el mazo dando, no cree usted.

_____________________
Pie de grabado para la fotografía 1.- Plazuela del Ixtle -hoy de Juan C. Doria- en 1909, véase, al carromato que frente a la tienda "La Abastecedora del Pueblo" donde se expende pulque en plena vía publica, en el margen izquierdo puede verse al fondo el edificio de "Las Cajas Grandes" -actual Escuela Justo Sierra- a cuyas plantas se tendía el mercado de la pulga. Pie de Fotografía 2.- En 1923, la antigua garita del Camino a México" se había convertido ya en una flamante gasolinera, cuya construcción aun existe aunque aunque rodeada de una barda.