Juan Manuel Menes Llaguno | Cronista de Hidalgo 🖋

Un documento firmado por Pedro Olmos, dirigente de los locatarios del Mercado Benito Juárez (hoy Miguel Hidalgo) y dirigido el 18 de mayo de 1946 al Alcalde de Pachuca, señor Víctor Aguirre del Castillo, señala entre otras cosas: “… Ace mucho tiempo que no se a echo nada en el cause del rio que pasa por abajo del mercado y emos lla sufrido el que en aguazeros como el del pasado dia 15, el agua se desborde por las coladeras que tenemos en el interior y nos inundamos y perdemos nuestras mercancías…” (Se ha respetado la ortografía con la que el documento fue suscrito). 

Don Víctor Aguirre, visitó personalmente el mercado días después y se comprometió a buscar la forma de desazolvar el lecho del río antes de la llegada de las lluvias. Según se cuenta, una pequeña retroescabadora y tres camiones de volteo, hicieron aquella labor durante aproximadamente tres semanas, de modo que la llegada de las lluvias en la segunda semana de junio, no represento ningún riesgo, sin embargo el ingeniero Jesús Galindo, encargado de las obras públicas municipales, advirtió que esa labor debería repetirse periódicamente, en razón de que los locatarios, tiraban la basura y los desechos de su mercancía al río, a través de las coladeras a las que se refería Olmos en su comunicado.

Don Vicente Aguirre, hermano del Presidente Municipal de Pachuca, advirtió también este peligro y buscó la manera de sensibilizar a los locatarios sobre el riesgo que corrían. El coronel don Leopoldo Posada Ballesteros, que recibió en diciembre de 1948, el apoyo a su candidatura como Alcalde de la ciudad, de parte de los comerciantes del mercado, les dijo en un desayuno, “….como lo han hecho mis antecesores, desazolvaremos el lecho del río anualmente, antes de las temporada de lluvias, pero les encarezco no utilizar las coladeras para tirar la basura del mercado. Es obvio, que ni el uno ni los otros cumplieron con su compromiso, pues como es bien sabido el 24 de junio de 1949, se suscitó una de las catástrofes más lamentables de la historia de Pachuca.



Aquel día, una fuerte tromba se abatió al norte de la ciudad, sobre las últimas estribaciones de la Sierra de Pachuca, debido a lo cual, el caudal del agua fue superior al que el cauce del río podía conducir, lo cierto es que a esa eventualidad, se sumó, la desidia de los locatarios que mucho contribuyeron a reducir el lecho del río.

El doctor Adrián Valdés Senior, médico de la Compañía de Real del Monte y Pachuca, pudo observar desde su casa en la Hacienda de Loreto, que ese día las aguas arrastraron, toda suerte de objetos, tales como ramas y aún troncos, piedras de regular tamaño así como cientos de objetos de muy diversa índole, ello amén de que la mezcla del agua con la tierra suelta, conformó un contenido lodoso que encima de todo llevaba también toneladas de hielo, producto del granizo que había caído detrás de la cañada del Tulipán.

Fue por ello que aquel viernes 24 de junio de 1949, fueron suficientes unos cuantos minutos para que se formara una especie de dique debajo del mercado entonces Benito Juárez, lo que ocasionó que el agua buscara un sitio para continuar su carrera; el reblandecimiento y posterior derrumbe de la barda del que fuera el segundo Palacio de Gobierno, entonces comandancia de Policía, edificio ubicado en la calle de Venustiano Carranza, fue el sitio que el torrente encontró para continuar su cauce.

En aquel edificio se encontraban las galeras de la policía, donde se recluían tanto a los arrestados por faltas administrativas, como a los presos que esperaban su probable consignación por parte del Ministerio Público ante un Juez y fueron ellos las primeras víctimas de la catástrofe. El agua saltó a la calle de Venustiano Carranza, derribando gran parte de la fachada de la Inspección de Policía y el cauce fuera de madre, se precipitó fundamentalmente por poniente del jardín de la Constitución, donde arrastró con los puestos que existían en los vanos del portal y continuó a ritmo vertiginoso por la calle de Hidalgo.

Poco más adelante, a la altura de la calle de Mina, donde la arteria hace un requiebre, el agua se estrelló contra las casas allí ubicadas, alcanzando una elevación de más de 3 metros, marca que quedó señalada en la fachada de aquellas viviendas, que aún podía observarse una década después. El torrente continuó arrastrando los diversos objetos que fue recogiendo a su paso hasta diluirse a la altura del templo de San Francisco y los fue a depositar en el Parque Hidalgo, donde un informe montículo de tierra marco el fin de todo.

Se inició entonces la penosa búsqueda de cuerpos, que fueron apilados en un camión de redilas, para conducirlos al “anfiteatro” del hospital civil a fin de ser identificados, labor que duró varios días, inclusive muchos fueron enterrados en una fosa común una sema más tarde. Dos cosas se lograron después con aquella tragedia, primero, conocer el gran espíritu de solidaridad de los pachuqueños que codo con codo lograron regresar a la normalidad en unos cuantos días; la segunda, generar criterios de prevención para evitar catástrofes como esa.

Pachuca Tlahuelilpan 20 de junio de 2020.

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Fotografía 1. Este era el aspecto que presentaban las calles de Hidalgo poco después de las 5 de la tarde del 24 junio de 1949. Fotografía 2. Tomada de un periódico de la época, en la que pueden verse las decenas de féretros en los que se encontraban las víctimas de la Inundación.