Juan Manuel Menes Llaguno | Cronista del Estado de Hidalgo 🖋

En verdad temblaba la tierra a su paso y se cimbraban puertas y ventanas, inclusive era frecuente que perros callejeros y parvadas de aves, huyeran asustados por el infernal ruido que producía su enorme motor y las cadenas que operaban la tracción de los ejes que enviaban la fuerza para la rotación de las llantas, eran lentos pero firmes en la marcha que hacían por las calles de Pachuca.

Se trataba de una flotilla de camiones Mack modelo 1917, adquiridos por los gobiernos inglés y norteamericano para movilizar a sus tropas en el campo de batalla durante los últimos años de la Primera Guerra. Al finalizar la llamada Fran Guerra aquellos vehículos fueron rematados a diversas empresas, una treintena fue precisamente vendida a la American Smelting and Refining Company que trabajaba los fundos de la comarca Pachuca-Real del Monte, a donde llegaron hacia 1920.

La fábrica de tales vehículos, fundada en Nueva York en 1900 por John M. Mack y sus hermanos Augustus y William, se caracterizó por la producción de camiones de sumamente resistente al trabajo duro y de gran tracción, superiores a los producidos por otras firmas, fue este el motivo por el que la empresa minera establecida en la comarca, decidió adquirirlos, a efecto de que treparan en las escarpadas de los cerros y colinas, donde se ubicaban los principales centros mineros y desde luego subieran y bajaran de Real del Monte.

Su paso por las calles de Pachuca, se derivó, en primer término de la transportación de enseres mineros de los centros de trabajo a la “Maestranza”, sitio donde se fabricaban refacciones y otras piezas para dar mantenimiento a los equipos ocupados en las haciendas de beneficio y en las actividades de extracción, en segundo lugar circulaban también equipados con pipas a fin de distribuir agua potable a las casas de los empleados y de algunos barrios ocupados por trabajadores de la empresa y finalmente ocupaban las calles cuando conducían la pasta que como remanente del beneficio de cianuración era llevada a los llamados “Jales” del oriente de Pachuca.

Su imagen llegó a ser tan consustancial a las ciudades de Pachuca y Real del Monte, cuyas calles eran recorridas constantemente por estos vehículos que debido al color verde con el que los distinguieron, fueron bautizados como “Cotorras”.

Durante poco mas de 70 años, estuvieron activos, gracias a que los técnicos de la Compañía, lograron no solo darles mantenimiento sino aún más modificar y modernizar su motor, su trasmisión y otras partes mecánicas y eléctricas ello gracias a la versatilidad de los trabajadores de los talleres de la “Maestranza”.

Algo verdaderamente digno de una epopeya en el terreno del transporte terrestre era el hecho de que aquellos carromatos continuaban subiendo a Real del Monte por ahí del 1985, hasta donde conducían toneladas de enseres mineros lo que hacían a buen tren de velocidad, ello independientemente de que el descenso lo hacían sin contratiempos mediante la utilización del freno de motor. Aunque debe agregarse también que pocos eran los conductores que sabían manejarlos adecuadamente, debido al uso de las palancas de mano para freno y clutch.

A todo lo largo de su vida productiva que fue prácticamente de 75 años, es difícil encontrar algún percance ocasionado por aquellos armatostes, tal vez por la lentitud con la que marchaban o bien por la gran responsabilidad de sus conductores, su hoja de multas bien puede decirse que se mantuvo en el mínimo de faltas en todo ese tiempo. Su último emplacamiento se hizo para el bienio 1991-1993.

Por allí del 1980, vino a Pachuca uno de los descendientes de William Mack, el fundador de la empresa en Estados Unidos ochenta años atrás, fue tal su admiración que solicitó al director de la empresa el licenciado Enrique Ibarra Hiriondo, le permitiera comprar uno de ellos para instalarlo en el acceso a la planta de la empresa como monumento a la fortaleza y reciedumbre con la que fueron construidos. Ibarra regaló uno de los doce que aún estaban en operación e hizo un especial reconocimiento a la capacidad de los trabajadores de la “Maestranza”.

Les recuerdo aún, lentos y escandalosos, circular por las calles de Guerrero o Matamoros, por mi calle la de Cuauhtémoc, hasta llegar al portón de Maestranza cuyo interior estaba adaptado para que maniobraran con libertad, había inclusive andenes apropiados a su altura, para facilitar las operaciones de carga y descarga. Imborrable en mi memoria fue aquella “cotorra” transformada en pipa, que se detenía muy cerca de mi casa en el domicilio del contador Eduardo Martínez, funcionario de la Compañía, quien tenía derecho a recibir dos cubos de aquella límpida y exquisita agua potable de mina. Los vecinos al percatarse de la llegada de la escandalosa pipa, acudían prestos, llevando una moneda de cobre de 20 centavos, que se entregaba al despachador para que surtiera de agua al vecindario, con lo que “arriesgaba la chamba”, dado que les estaba prohibido entregar el preciado líquido a quienes no fueran empleados de la empresa.

Si usted amable lector quiere conocer aquellos vehículos, vaya al Museo de Minería de las calles de Mina de esta ciudad, donde podrá ver de cerca a las famosas “cotorras” además de otros vehículos tales como grúas, góndolas, etcétera, que formaron parte no solo de la vida al interior de las minas y haciendas de beneficio sino de la ciudad misma, esa que a lo largo de 450 años vivió ligada a la minería.

Pachuca Tlahuelilpan julio de 2020.


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Fotografía: Uno de los Camiones armados por la empresa Mack y Hermanos, modelo 1917, adquirido en una flotilla hacia 1920 por la Compañía Minera de Pachuca y Real del Monte, que circulaban aún 70 años después de su adquisición.