22/12/20

Últimamente me he sentido muy frustrado, ¿saben? La segunda ola (sin que siquiera hubiese terminado la primera en nuestro país) está aterrizando en nuestro país y apenas va a comenzar lo peor, no solo por la naturaleza de dicha segunda ola, sino porque no estamos preparados en lo absoluto.

La segunda ola es inevitable porque está impactando en prácticamente todo el mundo, pero evidentemente este impacto terminará de variar de acuerdo con la cultura del país en cuestión, el contexto socioeconómico y la calidad de las políticas públicas impuestas ahí.

Llega, sí, casi al mismo tiempo en que las vacunas van a comenzar a aplicarse, pero el efecto de las vacunas va a tardar unos meses en notarse para toda la población en general. Esto quiere decir que las vacunas no nos van a salvar en el corto plazo. Es como si tu casa se estuviera quemando y tienes la esperanza en que el cuerpo de bomberos se comprometió en llegar en 15 minutos, no te puedes sentir aliviado porque tu casa se va a seguir quemando en lo que llega.

Mientras la segunda ola comienza a revolcarnos, las camas de los hospitales comienzan a escasear y cada vez más gente morirá porque no había cama ni ventilador, pensamos que nos habíamos salvado de eso, pero no es así.

Las autoridades terminan obligadas a “suspender” actividades, con el impacto económico que ello implica (y que habría sido menor si, como cualquier país decente hizo, hubiera dado apoyos tanto a personas como a empresas que no dio). Lo nuestro es un caos total.

Y es que todo falla por todos lados. Si los países más preparados están en un serio aprieto (véase Reino Unido y la nueva cepa que tiene a los ingleses en aprietos) imagínense lo que va a ser para nosotros.

En nuestro país el Gobierno Federal lo ha hecho mal: no han hecho más que enviar mensajes confusos y contradictorios, no han hecho más que tomar pésimas decisiones de política pública (nos juraron que la estrategia iba a ser evitar la saturación en los hospitales, hasta cifras nos presumían y ahora ni eso). Luego ha habido una terrible descoordinación con las entidades federativas. Cada quien su estrategia. No ha habido nada cercano a un consenso, todos van por su cuenta.

Mientras esto ocurre, a una gran parte de la sociedad literalmente le vale madre: bodas multitudinarias, grandes posadas, gente que va al tianguis sin cubrebocas. No es que sea el único país en el que pase, hasta en las naciones desarrolladas aparecen esas actitudes de free rider, pero allá al menos hay una autoridad mientras que acá el mismo gobierno alimenta estas conductas y dan incentivos para ellas porque ellos mismos hicieron como que no pasaba nada, López Obrador ni siquiera se molesta en usar cubrebocas, López-Gatell dice en TikTok que no lo cuestionen a él por las actitudes de AMLO que porque él sí usa el cubrebocas cuando en el pasado nos dijo literalmente que no servían.

Y ante este vacío podríamos pensar que vendría algún liderazgo que trate de llenarlo, pero en vez de ello tenemos a figurines como Salinas Pliego, quien, por cuidar sus ingresos, ha expuesto a sus más de 90,000 empleados y ha utilizado los medios a su alcance (desde los noticieros de TV Azteca hasta su cuenta de Twitter) para invitarnos a no tomar medidas y vivir la vida.

Claro está, la conspiranoia y el escepticismo absurdo (que claramente se vuelve más agudo cuando las autoridades no hacen bien su trabajo de informar y han perdido su legitimidad para hacerlo) en el que la gente cree que el Covid no existe, que el dióxido de cloro es más efectivo que las vacunas, que hay un plan por parte de Bill Gates para controlar el mundo y demás teorías absurdas,

Y mientras tanto, diariamente siguen muriendo decenas de personas. Ciertamente, muchas de esas muertes eran inevitables, pero otras podrían haberse salvado si no fuera por la ineptitud del gobierno y la indiferencia de un sector de la sociedad. Los muertos se convirtieron en mera estadística (y ni siquiera están bien contados), parece que se volvieron completamente irrelevantes para la gente (a menos que le toque a un cercano suyo) y, peor aún, para el mismo gobierno que anda concentrado en construir sus obras faraónicas o presumirnos paisajes desde el avión.

Luego podría pensar que al menos en pocos meses los sectores más vulnerables van a estar vacunados y la mayoría de todos nosotros en unos pocos más. Podría sentirme aliviado porque las elecciones del 2021 son un incentivo para que el gobierno, ahora sí, haga bien su trabajo. Me temo que, debido a las experiencias reiterativas con este gobierno, lo menos que uno puede hacer es guardar profundo escepticismo: sí, el gobierno debe liderar el suministro de vacunas, pero que hospitales privados no puedan comprar por su cuenta las suyas es un completo absurdo, y también lo es que no exista coordinación alguna entre Estado e iniciativa privada para el suministro.

Por eso solo nos queda el caos. Por eso solo nos queda tomar nuestras medidas de forma personal y privada en un entorno hostil y adverso, y aquí sólo quien tenga la información adecuada (que uno tiene que buscar por sí mismo) tendrá más posibilidades de protegerse contra el virus.