Nadia Luna
24/12/20

Hoy comienza la jornada de vacunación en México contra el COVID-19. 

Sin embargo, las últimas semanas, la carrera que juegan los laboratorios e instituciones desarrolladoras de las vacunas más avanzadas contra coronavirus parece haberse acelerado. Se trata de una competencia con varias postas, entre ellas, cuál se aprueba primero, cuál alcanza el mayor porcentaje de efectividad y quién logra vender más unidades a otros países. En definitiva, quién gana el trofeo geopolítico de ser el que ponga el punto final a la pandemia de COVID-19. Por eso, pese a que los resultados son preliminares (ninguna finalizó aún la fase 3), los anuncios sobre la eficacia que están demostrando en los ensayos se suceden uno tras otro.

La primera en anotarse un gol fue la de Pfizer (Estados Unidos) y BioNTech (Alemania), que ya tuvo dos resultados preliminares. El primer corte lo hicieron con 94 voluntarios infectados con coronavirus. Observaron cuántos habían recibido la vacuna y cuántos el placebo, y determinaron que la eficacia había sido del 90%. Luego hicieron un segundo corte (170 infectados: 162 recibieron placebo y 8 la vacuna) y confirmaron un 95% de eficacia.

Otra vacuna que siguió un camino similar fue la Sputnik V, desarrollada por el Centro Gamaleya de Rusia. Primero se anunció una eficacia del 92% (con 20 casos de COVID, a 21 días de la primera dosis) y luego un 95% (con 39 casos y a 21 días de la segunda dosis). También salieron a la pista la vacuna de Moderna (Estados Unidos) y la de AstraZeneca + Universidad de Oxford (Reino Unido). La primera anunció un 94,5% de eficacia (95 casos de COVID, de los cuales 90 pertenecían al grupo que recibió placebo), mientras que la segunda anunció un 70% de eficacia, que llegó al 90% entre quienes recibieron media dosis primero y una dosis completa un mes después.

En principio, son buenas noticias. Ya con alcanzar un 60% de eficacia podíamos ponernos contentos. Sin embargo, no hay que olvidar que son resultados preliminares y que no fueron revisados por pares: son anuncios de las empresas o institutos que las desarrollan.

En realidad, no hay una fecha de finalización determinada para estos ensayos porque se espera que se vayan contagiando los participantes y cuando se llega a cierto número de contagios, se van haciendo análisis preliminares. De todos modos, el planeta en este momento es el lugar perfecto para probar estas vacunas, por la enorme circulación del virus que hay. Por eso se están teniendo resultados tan rápidos.

¿Hay alguna que nos convenga más?

Según el contador de vacunas del New York Times, actualmente hay 13 candidatas en fase 3 que están peleando un lugar por el podio. Pero ¿deberíamos “hinchar” por alguna? ¿Hay una que nos convenga más? Si se observa en términos comparativos a las más avanzadas de ese grupo, según donde se ponga la lupa (tipo de tecnología, logística, costos) cada una tiene sus ventajas y desventajas.

La de Pfizer, al utilizar un pedacito de ARN (ácido ribonucleico, material genético del virus), necesita conservarse a -80°C, lo cual significa un problema importante para su distribución, ya que s requerirá de un freezer apto para conservar estas dosis. Además, es una tecnología más novedosa y, por ende, más desconocida. En cambio, la Sputnik puede conservarse en un freezer común (-18°C), aunque estos tampoco están disponibles en todos los vacunatorios. Por eso, los rusos ya están trabajando en una forma alternativa de producir la vacuna: aparte de la líquida, están desarrollando una vacuna deshidratada (en polvo) para facilitar su transporte.

Por su parte, la de Oxford/AstraZeneca (que al igual que la rusa se basa en adenovirus modificado genéticamente) tuvo hasta el momento una eficacia un poco más baja en comparación a las otras, pero no presenta complicaciones en la logística (se puede conservar a temperatura de heladera) y es la más económica: su costo rondará entre 3 y 4 dólares por dosis. Se estima que la Sputnik costará menos de 10 dólares, mientras que las de Pfizer (unos 20 dólares) y Moderna (entre 25 y 37 dólares) serán las más caras por la tecnología que usan. A este cuadro comparativo se puede sumar la de Sinovac (China) que usa el virus inactivado y es la tecnología más conocida en vacunas, aunque su escalado no es tan sencillo como el de las otras.

La campaña más grande del mundo mundial

Mientras las empresas continúan su carrera por la vacuna, los gobiernos de los países como México que no están tan avanzados en esa competencia tratan de negociar la compra de la mayor cantidad de dosis posible para poder vacunar a su población. 

Finalmente, otro desafío importante para que la campaña de vacunación tenga éxito es construir confianza en la población para lograr que se vacune la mayor cantidad de gente posible y conseguir así la anhelada inmunidad de rebaño. 

En uno de los reportes diarios de la Secretaría de Salud, se comunicó que en una encuesta a trabajadores de la salud sobre si se aplicarían la vacuna, el 66% afirmó que lo haría. 

Al respecto, López Gatelle comenta: “Ese porcentaje bajo indica que generar confianza en las vacunas es un trabajo que hay que encarar fuertemente. No alcanza con tener la vacuna, el desafío más grande de la pandemia es implementar la vacunación. Lo bueno es que no vamos a estar solos en este proceso: todo el mundo va a estar en la misma, por lo que mirando el impacto de la vacunación a nivel global, vamos a poder ver que se está aplicando una vacuna segura”.