Si Stalin, Churchill y Roosevelt dejaron sus evidentes diferencias (más bien los dos últimos con el primero) para vencer a Hitler, entonces el PRI, el PAN y el PRD podrían aliarse para quitarle a AMLO la mayoría en las cámaras y acotar su poder ¿no? ¿Qué podría malir sal?

En términos cuantitativos no es una mala idea, o no lo parecería. El PAN, el PRI y el PRD (si es que queda algo de ese partido) juntarían su voto duro y sus estructuras para ganar más alcaldías, alguna gubernatura o bien, más curules en el Congreso.

Pero los votos no son necesariamente intercambiables. Si 20 personas quieren votar por el PRI y 10 por el PAN ello no implica que 30 personas van a votar por una alianza PRI-PAN. Es posible que algunos panistas voten por el PAN porque detestan al PRI o viceversa de tal forma que si ambos fueran en alianza, el individuo se abstendría de votar por ésta, buscaría una tercera opción, o bien, se abstendría de ir a votar.

Como alianza, seguramente lograrán juntar más votos que si fueran por su propio camino, además de que en un sistema mixto como el nuestro (sistema de mayoría combinado con algunas características del sistema de representación proporcional), la relación entre votos y curules no es lineal, sino sigmoide, con lo cual, a pesar de los votos perdidos, la alianza sigue siendo más conveniente, como afirma el académico Javier Márquez:



En este sentido la alianza no es mala idea, pero no significa que por sí sola vaya a vencer a la 4T. Estamos hablando de tres partidos que hoy tienen más negativos y menos popularidad que MORENA y que, para ser sinceros, están muy desgastados y quemados.
El problema no es el qué (la alianza), sino el cómo (cómo se hace, quienes la integran, qué ofrecen, qué narrativa van a construir).
En este contexto, la elección se vuelve una suerte de plebiscito donde a la gente se le pregunta si quiere este régimen o quiere regresar al régimen pasado que fue derrotado contundentemente. No puede ser otra cosa porque la coalición PRI-PAN-PRD no hace más que representar al régimen saliente, a ese que AMLO llamó por tanto tiempo “la mafia del poder”. ¿Qué ofrecen de nuevo los mismos? No solo no lo sabemos, sino que la gente verá con escepticismo cualquier novedad que se prometa.

El problema para “Va por México” es que este plebiscito, al día de hoy, sería ganado por MORENA sin grandes contratiempos. Las elecciones legislativas suelen verse muy afectadas por las ejecutivas en las elecciones presidenciales ya que son concurrentes, y, aunque este no es el caso, López Obrador se está esforzando mucho para que el escenario sea lo similar posible y “transmita” su espíritu a los candidatos de su partido. Lo que en una elección importa no son los números, no importa si el PIB no ha crecido o si este gobierno toma decisiones erráticas, lo que importa es que poco más del 60% está contento con este gobierno.



¿Qué propone “Va por México”? ¿Por qué debería votar por él? El único incentivo más allá del voto tradicional que tienen los partidos que la componen es que alguien prefiera cualquier cosa que no sea AMLO. No son pocos los que estarían dispuestos a votar de esa forma, pero no son los suficientes: “Va por México” tiene que ofrecer algo más para atraer a toda esa gran masa de personas indecisas o “apáticas”, esas que por lo general no votan en las intermedias. Una derrota en las intermedias no solo sería una derrota electoral sino una moral: “vencidos una vez más”.

Un grave problema es el de la narrativa. El día de hoy, AMLO tiene el control total de la narrativa sobre la oposición y la alianza en sí la fortalece (es el PRIAN en su máxima expresión). López Obrador ha logrado dividir a los dos polos entre nosotros (el pueblo bueno) y ellos (los privilegiados) donde seguramente quedará colocado “Va por México”. Lo peor es que ya ha cometido errores en este sentido y que son oro puro para este discurso polarizador, o es que ¿cómo se les ocurrió usar fotografías de campesinos blancos para su propaganda?

¿Qué promete “Va por México”? No sé. Suena a lo mismo de siempre y hoy, y como ya dije, entre lo mismo de siempre y AMLO gana AMLO.

El problema comienza con el nombre: “Pacto por México”, “Iniciativa México”, “Sí por México”, “Va por México” ¿no pueden contratar a alguna persona que de verdad sepa de branding y les cree un nombre más innovador? Es que el mismo nombre, que parece slogan de campaña de Televisa o del Oxxo, hace referencia a “lo de siempre”, a las mismas élites, y si algo tienen que hacer es desligarse de “lo de siempre” y ofrecer algo más (que ya de por sí es difícil dado los partidos que lo conforman).

Considero que para que “Va por México” triunfe (además de cambiar ese terrible nombre) van a tener que ceder, y solo cediendo van a poder construir una narrativa mediamente creíble. Ceder implica que se comprometan a impulsar reformas o políticas que necesariamente van a trastocar sus intereses (tanto de los partidos como de los políticos que los conforman), implica que den algunos puestos a ciudadanos que no necesariamente forman parte de esa clase política y que inspiran cierto respeto, implica que la honestidad y la cercanía con la gente van a ser importantes en los perfiles que tendrán que elegir para contender.

Necesariamente tendrán que salir de su lógica tradicional de hacer política, tendrán que tener una capacidad de autocrítica que hasta hoy ha estado completamente ausente y, después de eso, tendrán que saber ser más empáticos con el electorado que les dio un doloroso puntapié en el 2018 y el cual no puede terminar de entenderse con datos cuantitativos o meros grupos de enfoque. Van a necesitar hacer un gran esfuerzo. Siendo sinceros, esperar ello me parece algo bastante complicado porque hasta el día de hoy la autocrítica ha estado completamente ausente.

Es cuestión de representatividad “Va por México” no representa a casi nadie (el voto duro de los partidos que conforman la alianza está algo moribundo) mientras que la 4T sí lo hace y sí que ha sabido construir una suerte de conexión simbiótica a través de la retórica y la construcción de una narrativa muy potente. Ahí la 4T tiene ventaja: “Va por México” podría quedar condenado a fungir como mero repositorio del voto anti AMLO, es como un “es lo que hay, pero ni modo, tenemos que votar por esto para debilitar a López Obrador” y dudo que eso sea suficiente.

Otro problema (o más bien una continuación de los que ya mencioné) tiene que ver con lo que Anthony Downs ilustra en su teorema del votante mediano. Este suele usarse para explicar elecciones bipartidistas donde el que se ubique más cerca del votante mediano (el que se encuentra justo en el punto medio de la distribución) gana la elección. En este sentido, asumiendo que habrá una elección “bipartidista” entre MORENA y “Va por México”, dejando al remanente casi irrelevante en la mayoría de las entidades (MC) excepto en estados como Jalisco y Nuevo León, y dada la composición socioeconómica del país, podemos usar de alguna forma este modelo e intuir que MORENA se encuentra más cerca del votante mediano que “Va por México”. Por ello tendrán que construir una narrativa que apele a diversos sectores socioeconómicos, y no solo a la clase media, media-alta y alta. Si “va por México” no logra acercarse al votante mediano y se queda atrapado en las élites políticas, en las confederaciones patronales y en los discursos intelectualoides, sus probabilidades serán prácticamente nulas. Es decir, si hacen lo que están haciendo actualmente, poco van a lograr.

Dicho todo esto, podemos concluir que la alianza es una condición necesaria pero no suficiente. Si no logran construir una narrativa potente, si no tienen voluntad para ceder y deshacerse de intereses en favor de la ciudadanía, difícilmente podrán cambiar algo en el 2021, y si pierden en 2021 será más difícil aún ganar en 2024.