Es de sabios cambiar de opinión



Sin duda las pulsiones del presidente por comparecer, informar, defender, confrontar, censurar, descalificar y un largo etcétera; y al mismo tiempo una aclimatación instantánea de las conferencias de prensa mañaneras en los modos informativos y en el debate público, como si tales conferencias fueran, en realidad, una institución o una realidad absoluta han sembrado solo encono y poco a poco animadversión nacional.

La sociedad mexicana está preparada para gobiernos en formatos en los cuales el argumento y el contraargumento sean insumos, piezas en el arte de persuadir, convencer y rectificar. Las palabras y los discursos importan, lo cual es una mala noticia para las manías gerenciales de las tecnocracias. Pero las palabras sirven no de la misma forma y con la misma eficacia.

Se habla de una manera ante los medios; de otra ante los adversarios constituidos. Los interlocutores del presidente son los medios y todo aquel mexicano que no piense y este de acuerdo con las ideas presidenciales. Por una serie de razones vinculadas a su economía política, los medios mexicanos están especialmente mal preparados para una cara a cara diaria con el presidente; de todos modos, doctrinalmente, es una sinrazón.

Sin embargo, ahora parece ser que no solo los medios están en desacuerdo con el presidente. Los cuatro consejeros que impulsó al INE han denunciado que la reforma electoral es un retroceso democrático y ya los descalificó. Carmen Aristegui moderó la presentación del libro de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama respaldando al INE, y fue acusada de traidora. A Proceso, que tiene como accionista a su exconsejero jurídico Julio Scherer, lo ha tildado de medio de comunicación al servicio de los conservadores. Se le voltearon tres de los cinco ministros que tenía en la Suprema Corte. A la UNAM, su trampolín por décadas, ya le dijo que es de derecha.

Se fue decepcionada y maltratada Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña y luego secretaria de Economía. El hombre a quien López Obrador escogió para ponerle la banda presidencial el histórico día de su toma de posesión, Porfirio Muñoz Ledo, ha declarado que este gobierno está aliado con los cárteles del narcotráfico. Lo dejó su primer secretario de Hacienda, el doctor Carlos Urzúa, y se volvió un crítico feroz del gobierno.

Se fue su secretario del Medio Ambiente denunciando conflictos de interés. Renunció Germán Martínez al IMSS y ahora es un duro senador independiente.

La senadora Lilly Téllez era su defensora a ultranza, la presumía entre sus filas en los mítines, y hoy es presidenciable de la oposición. A Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación de la que tanto alardeaba, la relevó por denunciar la corrupción en Palacio Nacional.

Su primera embajadora en Estados Unidos, Marta Bárcena, es también crítica de las políticas oficiales. Es aún más crítico su cónyuge y tío de la esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez Müller, el periodista y diplomático Agustín Gutiérrez Canet. Ricardo Monreal, presidenciable de Morena y líder del Senado, ha pintado su raya mil veces.

Tonatiuh Guillén fue uno de los primeros que se fue, cuando vio que el Instituto Nacional de Migración se puso al servicio de Trump. Jaime Cárdenas, el hombre que entró a limpiar la corrupción obradorista en el Instituto para “Devolver al Pueblo lo Robado”, renunció porque lo querían obligar a violar la ley. Bueno hasta Elena Poniatowska al igual que Guadalupe Loaeza han encendido focos rojos en materia de cultura y democracia.

Los priistas, a los que había roto, recompusieron la alianza de partidos de oposición y le votaron en contra su reforma electoral. Dante Delgado sacó a su partido de la coalición que postuló dos veces a AMLO a la Presidencia y apenas anunció un “Colectivo por México” para hacer contrapeso al autoritarismo de López Obrador.

Y quien sería inimaginable opositor ahora también hace presencia, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, referente de la izquierda y cuyo hijo Lázaro es el coordinador de asesores de la Presidencia, ha cuestionado el rumbo del obradorísmo.

En fin, al parecer poco a poco se difumina el sueño obradorista en un vendaval en el que lo más granado de la sociedad mexicana comienza a reflexionar y a pesar de la resaca se cuestiona el apoyo de antaño por la reflexión del hoy y tal como diría Andrés Manuel López Obrador “es de sabios cambiar de opinión”.