
#Opinión política
La ironía política está servida: en la próxima elección por la gubernatura de Hidalgo no sería descabellado que Xóchitl Gálvez y Simey Olvera terminen enfrentadas en la boleta, una por el PAN y la otra por Morena, pese a que hace no muchos años trabajaban del mismo lado del escritorio cuando Simey formaba parte del equipo de comunicación social de Xóchitl.
La fotografía que hoy circula no es nostalgia, es evidencia de cómo el llamado “efecto” de Andrés Manuel López Obrador permitió saltos ideológicos exprés y carreras impulsadas más por el arrastre que por una trayectoria propia. Si ese efecto hoy comienza a diluirse, la burla se explica sola: la ciudadanía podría verse obligada a elegir entre quien fue jefa y quien fue colaboradora, separadas no por proyectos, sino por el color que mejor rentó políticamente en su momento.