El PRI no murió: se pintó de guinda


Jorge Montejo

27 de mayo de 2026

Morena llegó al poder jurando que sepultaría al viejo régimen. Seis años después, el sepulcro está vacío: el muerto se levantó, cambió la corbata tricolor por una guinda y regresó a la oficina como si nunca se hubiera ido. La cuarta transformación resultó ser, sobre todo, una transformación de colores.

Empecemos por lo más grueso, que es justo lo que el discurso oficial prefiere no nombrar: hoy un solo movimiento controla los tres poderes de la Unión y, de pasada, a los organismos que existían para vigilarlo. Eso ni el PRI de su época dorada lo tuvo tan completo. En el Congreso, Morena y sus aliados del PT y el Verde reúnen 364 diputados y 87 senadores; es decir, la mayoría calificada que permite reformar la Constitución a voluntad. El detalle es que esa mayoría no salió limpia de las urnas: con el 55 por ciento de los votos en 2024, la coalición debió tener un tope de representación menor, pero el INE primero y el Tribunal Electoral después estiraron las reglas de sobrerrepresentación hasta completarle las curules que le faltaban. Constitucionalistas como José Antonio Crespo lo llamaron sin rodeos un fraude a la Constitución. Al viejo PRI le decían “la aplanadora”; el nuevo modelo es idéntico, solo que ahora se aprueba en sesiones exprés que la propia oposición bautizó como “la noche de los albazos”.

Con esa aplanadora vino la demolición de los contrapesos. En noviembre de 2024, Morena y sus aliados aprobaron desaparecer siete organismos autónomos de un solo golpe —el INAI, el IFT, la Cofece, el Coneval, la CRE, la CNH y Mejoredu—, con 347 votos y cero abstenciones. Se borraron de un plumazo el instituto que obligaba al gobierno a transparentar en qué gasta, el que medía la pobreza sin maquillaje y los que vigilaban los monopolios. La oposición advirtió lo evidente: el gobierno quedó como juez y parte. El PRI tardó décadas en aprender a ser opaco; Morena lo legalizó en una tarde.

Faltaba el tercer poder, y ahí la creatividad fue mayor. En los tiempos del PRI, el presidente levantaba el teléfono y el Poder Judicial entendía la indirecta. En los tiempos de Morena se ahorraron la llamada y repartieron acordeones: en la elección judicial de 2025, a la que acudió apenas el 13 por ciento del padrón, circularon machotes con los números exactos que el votante debía copiar en la boleta, y los nombres de esos papelitos fueron, qué casualidad, los mismos que ganaron la Suprema Corte, el Tribunal de Disciplina y hasta las salas del Tribunal Electoral. La propia consejera presidenta del INE presumió que ella también entró a votar con sus “notas” personales. A eso le llamaron democratizar la justicia.

Y luego está el personal, capítulo donde la transformación de veras se luce. El PRI despreció a sus bases para premiar a los cuadros más rentables, y Morena no se conformó con copiar el manual: lo empastó en pasta dura. Mientras los militantes que caminaron colonias, cargaron lonas y aguantaron años de oposición y burlas hacían fila con santa paciencia, las candidaturas y los huesos sabrosos volaron hacia los chapulines del “PRIMOR”, esa fauna prodigiosa que descubrió su vocación de izquierda con una puntualidad conmovedora: justo el día en que Morena empezó a ganar. Ayer alertaban que López Obrador era un peligro para México; hoy juran amor eterno a la Cuarta Transformación sin que se les mueva un músculo de la cara. Exgobernadores tricolores reconvertidos en flamantes embajadores, exdirigentes priistas que pelearon a muerte contra Morena y amanecieron de diputados plurinominales sin pisar una sola campaña, operadores del viejo régimen que cambiaron el tricolor por el guinda como quien se cambia de camiseta a medio partido. El antiguo régimen no fue derrotado: fue contratado, con prestaciones. Las bases lo han denunciado en medio país, y la dirigencia respondió con el mismo gesto que perfeccionó el PRI: una palmadita en el hombro y otra vez a formarse.

El método para sostener el voto también tiene patente registrada. El PRI gobernó tres generaciones repartiendo Solidaridad, Progresa y Oportunidades con un mensaje implícito: el apoyo viene del partido, no del Estado, y conviene no morder la mano que reparte. Morena heredó el guion con los programas del Bienestar y un ejército de casi veinte mil “Servidores de la Nación” que tocan puertas con sospechosa eficiencia electoral. Organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción han documentado el carácter clientelar con que se administran esos apoyos. El propio movimiento que en sus estatutos condena “la compra del voto, el lavado de dinero, el clientelismo y el paternalismo” terminó perfeccionándolos.

Y la mecánica hasta se modernizó, para qué negarlo. El PRI compraba lealtades a la antigüita —despensas, láminas, costales de cemento y, en años de bonanza, un balón de futbol— repartidos en la víspera de cada elección con la sutileza de un elefante en cristalería. Morena perfeccionó el oficio y dio el salto a la transferencia directa de dinero en efectivo: más higiénica, más difícil de rastrear y, sobre todo, más agradecida, porque el apoyo cae en la cuenta sin intermediarios pero el beneficiario jamás olvida el nombre y el color de quien firmó el depósito. El priismo, al menos, fingía pudor y envolvía el clientelismo en el celofán de “primero los pobres”. El lopezobradorismo se ahorró hasta el moño: en plena mañanera, el entonces presidente explicó que ayudar a los pobres no era solo convicción, sino “un asunto de estrategia política”, porque con ellos se va “a la segura” cuando toca defender la transformación; no así con la clase media, los de arriba, los medios o la intelectualidad, que para esos efectos resultaron unos malagradecidos. Traducido del discurso a la práctica: los pobres dejaron de ser el destino de la política social para ascender a su activo electoral de mayor confianza. El PRI lo hacía y lo negaba; aquí se confesó en cadena nacional y, de pasada, se aplaudió solo.

Hasta el nepotismo, vicio tan priista como la foto de inauguración, sobrevivió al cambio de marca. Morena aprobó una reforma para impedir que los funcionarios hereden el cargo a sus parientes, pero —tras la oportuna presión del Verde— pospuso su entrada en vigor hasta 2030, no vaya a ser que estorbe en 2027. Reglas para el futuro, excepciones para los cuates: el priismo nunca lo explicó mejor.

Quedan las campañas, donde el doble rasero se vuelve arte. En la era tricolor, los aspirantes regalaban despensas y hacían proselitismo mucho antes de los tiempos marcados, mientras la autoridad miraba el techo. En la era guinda, las “corcholatas” recorrieron el país entero durante meses, con bardas, gorras y mantas, peleándose la candidatura presidencial a cielo abierto, y el INE resolvió una y otra vez que aquello no eran actos anticipados de campaña, sino —vaya usted a saber— intensa convivencia ciudadana. Lo que para la oposición es delito, para el oficialismo es libertad de expresión. La vara cambió de manos, pero sigue igual de elástica.

El barniz ideológico no alcanza para tapar el resto: la concentración del poder en una sola figura, el presupuesto manejado con discrecionalidad y la vieja costumbre de declararse “el pueblo” para que toda crítica sea, por definición, traición. Hasta la sombra que el PRI más arrastró alcanzó a sus herederos: las órdenes de captura giradas en Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve políticos morenistas por presuntos nexos con el narcotráfico le colgaron a la 4T la misma etiqueta de narcopolítica que ella tanto usó contra sus adversarios.

La diferencia, juran sus defensores, es la honestidad. El problema es que, a seis años de la cruzada anticorrupción, no hay un solo expresidente, exgobernador ni exfuncionario priista preso por aquellos saqueos que tanto se denunciaron en campaña. El PRI necesitó siete décadas para hartar a México con esa mezcla de aplanadora, dedazo, clientelismo y discurso redentor. Morena va por el mismo camino a mayor velocidad, con una sola ventaja para el espectador: ya conocemos el final de la película. Lo único verdaderamente nuevo es el color.