No solo es un estadio, es el azteca



21 de junio de 2026

No es solamente un estadio. Es un símbolo nacional. Durante casi seis décadas, el Estadio Ciudad de México o más conocido popularmente como Estadio Azteca ha sido escenario de momentos que marcaron la historia del futbol mundial, pero también de episodios políticos, sociales y culturales que reflejan la evolución del México moderno.

La historia comenzó a principios de la década de 1960, cuando el empresario Emilio Azcárraga Milmo “El Tigre”, junto con el dirigente deportivo Guillermo Cañedo, impulsó la construcción de un estadio monumental que colocara a México entre las grandes potencias futbolísticas del mundo. El proyecto tenía un objetivo claro: darle una casa al Club América y fortalecer la candidatura mexicana para albergar la Copa del Mundo de 1970.

La construcción inició en 1962 y el estadio fue inaugurado oficialmente en 1966. Desde entonces se convirtió en una de las obras deportivas más ambiciosas de América Latina.

Con capacidad para más de 100 mil espectadores en sus primeros años, el llamado “Coloso de Santa Úrsula” fue testigo de acontecimientos irrepetibles. Allí se disputó la final del Mundial de 1970, donde el Brasil de Pelé conquistó su tercera Copa del Mundo. También fue sede de la final de México 1986, donde Diego Armando Maradona escribió algunas de las páginas más legendarias en la historia del futbol mundial.

Ningún otro estadio en el planeta había logrado albergar dos finales mundialistas. Y en 2026 vuelve a hacer historia al convertirse en el primer estadio del mundo en recibir partidos de tres Copas del Mundo distintas.

Pero la historia del Azteca no se limita al deporte.

A lo largo de los años, el inmueble ha mantenido una estrecha relación con el poder político mexicano. Presidentes de la República han utilizado el estadio como escenario para ceremonias, actos masivos y eventos de relevancia nacional. Incluso durante la inauguración del Mundial de 1986, el entonces presidente Miguel de la Madrid fue abucheado por miles de asistentes, en medio del descontento social generado tras la crisis económica y el terremoto de 1985. Para muchos historiadores, aquel momento representó una de las primeras grandes expresiones públicas de inconformidad contra el poder político en una transmisión internacional.

Durante décadas, el estadio permaneció bajo el control empresarial de Televisa, consolidando una relación única entre medios de comunicación, futbol y poder económico. Actualmente, el inmueble pertenece al Grupo Ollamani, empresa surgida de la reestructuración de los negocios deportivos de Televisa y encabezada por el grupo empresarial ligado a Emilio Azcárraga Jean.

En este Mundial de 2026, el estadio fue sometido a una profunda remodelación. Las obras incluyeron modernización tecnológica, nuevas áreas VIP, mejoras en seguridad, accesibilidad, vestidores, sistemas de iluminación y adecuaciones exigidas por FIFA para albergar nuevamente una inauguración mundialista. La inversión fue financiada en gran medida mediante acuerdos con Banorte, lo que provocó incluso el cambio comercial de nombre del inmueble para diversos eventos.

Sin embargo, la remodelación también generó debate. En redes sociales y medios deportivos surgieron críticas por los retrasos de las obras, el cambio de nombre y la creciente comercialización de un recinto que muchos aficionados consideran patrimonio sentimental del país. Para buena parte de la afición, más allá de cualquier patrocinio, siempre seguirá siendo simplemente “el Azteca”.

Hoy, cuando el mundo vuelve a mirar hacia México por la Copa del Mundo de 2026, el Estadio Azteca se prepara para escribir otro capítulo de su historia.

Han pasado presidentes, empresarios, futbolistas, líderes religiosos y generaciones enteras de aficionados. Han cambiado gobiernos, partidos políticos y hasta los nombres comerciales del estadio.

Pero hay algo que permanece intacto: Cada vez que se encienden las luces del Azteca, México vuelve a mirar hacia uno de los escenarios más emblemáticos de su historia.