En días pasados la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo apoyo a Luisa María alcalde en la participación que tiene durante las mañaneras exponiendo una presunta lista que contiene datos personales de periodistas que, según ella, están involucrados en un desprestigio continuo contra las instituciones gubernamentales. ¿Será?
Con una intensidad peculiar de la mandataria, dedicó decenas de minutos a despotricar contra la prensa “tendenciosa, vendida, alquilada, al servicio de los corruptos”, y sostuvo: “Ustedes no van a poner la agenda”. Una argucia típica, clásica desde el sexenio pasadodesviando la atención con argumentos “Ad-hominem”
Y… ¿qué es un argumento “Ad hominem”? En el mundo de la retórica y el debate es bastante común encontrarse con alegatos que parecen argumentos a simple vista, pero en realidad se trata de simples falacias. La falacia Ad Hominem es una de las más conocidas y comúnmente utilizadas.
Se define como falacia Ad Hominem o Falacia de Ataque personal a un tipo de falacia en que se ataca a la persona que emite un argumento, de manera que se desacredita lo que a dicho por su persona para evitar que sea tenido en consideración atacando su argumento con una postura que nada tiene que ver con el tema que se esta argumentando pero que sirve para descalificar.
La forma más eficaz de identificar el argumento de falacia de ataque personal es a través de su estructura. Los siguientes ejemplos ayudan a identificar con mayor facilidad las falacias Ad Hominem:
“Nietzsche está equivocado porque se volvió loco”.
“Los ecologistas están equivocados porque exageran mucho”.
“Dices que el alcohol es malo, pero eres alcohólico”
Un punto importante que se debe aclarar es que no existen límites para la aplicación de este mecanismo en el campo de la razón o del saber.
En los casos más graves, podría llegarse a descartar una afirmación completamente libre de cuestionamientos solo porque la hizo una persona con quien no se simpatiza.
No cabe duda la presidenta es mañosa y siempre encontrará la mejor forma para salir airosa aun realizando comentarios ad hominem sin argumentos, tan solo estos sirven para desviar la atención de sus interlocutores ridiculizando y difamando más no dando argumentos sólidos.
Pero que mañosa, ¿tú lo crees?... sí, yo también.
Con una intensidad peculiar de la mandataria, dedicó decenas de minutos a despotricar contra la prensa “tendenciosa, vendida, alquilada, al servicio de los corruptos”, y sostuvo: “Ustedes no van a poner la agenda”. Una argucia típica, clásica desde el sexenio pasadodesviando la atención con argumentos “Ad-hominem”
Y… ¿qué es un argumento “Ad hominem”? En el mundo de la retórica y el debate es bastante común encontrarse con alegatos que parecen argumentos a simple vista, pero en realidad se trata de simples falacias. La falacia Ad Hominem es una de las más conocidas y comúnmente utilizadas.
Se define como falacia Ad Hominem o Falacia de Ataque personal a un tipo de falacia en que se ataca a la persona que emite un argumento, de manera que se desacredita lo que a dicho por su persona para evitar que sea tenido en consideración atacando su argumento con una postura que nada tiene que ver con el tema que se esta argumentando pero que sirve para descalificar.
La forma más eficaz de identificar el argumento de falacia de ataque personal es a través de su estructura. Los siguientes ejemplos ayudan a identificar con mayor facilidad las falacias Ad Hominem:
“Nietzsche está equivocado porque se volvió loco”.
“Los ecologistas están equivocados porque exageran mucho”.
“Dices que el alcohol es malo, pero eres alcohólico”
Un punto importante que se debe aclarar es que no existen límites para la aplicación de este mecanismo en el campo de la razón o del saber.
En los casos más graves, podría llegarse a descartar una afirmación completamente libre de cuestionamientos solo porque la hizo una persona con quien no se simpatiza.
No cabe duda la presidenta es mañosa y siempre encontrará la mejor forma para salir airosa aun realizando comentarios ad hominem sin argumentos, tan solo estos sirven para desviar la atención de sus interlocutores ridiculizando y difamando más no dando argumentos sólidos.
Pero que mañosa, ¿tú lo crees?... sí, yo también.
