Por Roberto Longoni.

En tiempos tan complicados como los actuales, marcados por la contingencia y el encierro, agradezco más que nunca a “El Nuevo Gráfico” por el espacio que me presta desde hace ya algunos años para poder externar mis ideas y sentires. Por fortuna, al menos hasta el día de hoy, López Gatell no ha señalado que la sana distancia implique el alejamiento de las letras o los periódicos, por lo cual pienso que estas palabras alcanzarán a rebasar el cerco sanitario y llegarán, impulsadas por el ánimo y la fortaleza ante esta dura crisis mundial, hasta quienes quieran hacerlas suyas.

Dicho esto, me permito compartir brevemente dos reflexiones que de ninguna manera están desvinculadas. Una se podría decir que es más “sociológica”, la otra un poco más “individual”.

En primer lugar, la actual situación nos está mostrando la fragilidad de las formas de organización social en las cuales existimos y de las cuales dependemos. Con esto quiero decir que en momentos como estos se hace mucho más evidente lo inestable que es el capitalismo, cuyo fundamento es la división social del trabajo, la propiedad privada, el trabajo enajenado encaminado a la ganancia y no a la resolución de necesidades directas, el sometimiento a ritmos y formas de hacer ajenas, alienantes y sin sentido, así como a la competencia y el consumo.

Estas formas, que ahora nos parecen tan naturales, pero que son formas históricas de organización social, están tan introyectadas en nosotros, y dependemos tanto de ellas, que se han vuelto una segunda naturaleza de la cual pareciera no podemos escapar, y que en momento como estos se tambalean y entran en un estado crítico, que nos hace pensar y plantear la necesidad de una manera distinta de poder subsistir y reproducir la vida. Esto implicaría, a su vez, una manera distinta de relacionarnos con la naturaleza, que no sea solamente viendo a esta como objeto de explotación y dominio. En resumen, esta pandemia nos está mostrando la necesidad de reconstituir la sociedad y las formas de relacionarnos bajo otro paradigma económico, axiológico y político.

En segundo lugar, la actual situación también puede ser un momento para revisar nuestra subjetividad y la manera en que esta se constituye a partir de las formas sociales antes mencionadas. En este sentido será interesante poder aprovechar este momento para hacer un examen de conciencia profundo que nos permita reconocernos en situaciones de crisis, en nuestros miedos, angustias, enojos y tristezas; pero también en nuestra capacidad de empatía, asombro y solidaridad. Hacer esta revisión personal no debe llevarnos a un replegarnos en nosotros mismos. Por el contrario, debe ser una oportunidad para propiciar aquello que ahora nos está negado: el encuentro, reencuentro y reconocimiento con todos aquellos con quienes compartimos la vida (animales, humanos, plantas, y todas las formas de vida de este planeta).

Imagino y deseo que este reencuentro sea significativo en tanto habremos sabido sacar luces en lo emocional y social de la angustia y el temor por el que ahora atravesamos. En unos meses, cuando todo esto acabe, espero que hayamos aprendido en serio la lección: algo hemos estado haciendo profundamente mal, y es necesario cambiarlo radicalmente, en lo cotidiano, así como en lo político y lo macro, en lo personal, pero, sobre todo, en lo social.