Por Álvaro López. 

Hasta hace pocas semanas, Enrique Alfaro parecía sumido en la irrelevancia. Solo era noticia cuando tomaba una decisión polémica, cuando cometía un error de comunicación o cuando aparecía en las redes sociales para “regañar a la sociedad”.

Muchos (yo incluído) pensamos que las aspiraciones presidenciales de Alfaro estaban casi muertas. No parecía ser el opositor de López Obrador que muchos esperaban que fuera, su popularidad iba en picada en consonancia con la de López Obrador, pero luego algo pasó.

Alfaro se dio cuenta del vacío de liderazgo que estaba dejando el gobierno de López Obrador en la crisis sanitaria y que, debido a su progresivo desprestigio, la gente estaba desconfiando de la palabra del gobierno de la 4T (ya fueran argumentos fundados e infundados). Alfaro se dio cuenta de que podría aprovechar esa coyuntura para relanzarse, y hasta ahora pareciera que lo está logrando, aunque falta tiempo.

Si AMLO (y por lo tanto su estrategia) estaba generando desconfianza, entonces había que contrastar con ella. Mientras el Gobierno Federal, a ojos del público, estaba retrasando la cuarentena, Alfaro la adelantó una semana con el fin de notar que estaba haciendo las cosas diferentes. Él agarró “sus datos” y se apoyó en la Universidad de Guadalajara para poner en marcha un plan alternativo. En lo económico ocurrió lo mismo, si la 4T no apoyaba a las micro y pequeñas empresas, él, dentro de sus posibilidades, lo iba a hacer. Y si el Gobierno Federal estaba haciendo pocas pruebas, entonces hay que hacer muchas pruebas rápidas (aunque la propia OMS ha cuestionado su efectividad). No es que tenga recursos abundantes para ayudar a todas las empresas o para hacer pruebas a todas la población, pero la narrativa, una que busca mostrarlo como un líder capaz y eficiente, es lo que importa.

Pocas semanas después, cuando el Gobierno Federal estableció la cuarentena voluntaria que parece buscar un equilibrio entre lo sanitario y lo económico, Alfaro fue más allá y estableció la cuarentena obligatoria. Si López-Gatell, tomando como referencia los mapas de Apple, dijo que en Jalisco mucha gente no se estaba quedando en casa (herramienta tal vez no muy precisa pero que, al parecer, no estaba alejada de la realidad), entonces Enrique Alfaro tomaría cartas en el asunto: como la ciudadanía no se portó bien, habrá que tomar medidas más draconianas que pueden no ser del todo populares pero que le ayudarán mucho si generan los resultados que él espera.

Seguramente Alfaro y su equipo están esperando que estas medidas se reflejen en las estadísticas, que Jalisco haya “aplanado de mejor forma la curva”, que haya tenido menos muertes que la mayoría de las entidades. Si la estrategia de Enrique Alfaro funciona no solo se hará más popular en Jalisco, sino que le servirá como punta de lanza para buscar la presidencia ya que su trabajo será reconocido a nivel nacional.

La intención es, al final, construir una narrativa, una que contraste con el tufo a ineficiencia de la 4T y lo presente como el líder efectivo y capaz, liderazgo que si logra construir brillará de forma especial en estos tiempos. Si no lo logra, evidentemente cualquier aspiración se habrá ido abajo ya que toda la población comenzará a hablar de cuán innecesarias fueron esas medidas y cómo toda esta “alharaca” solo tenía motivos e intereses políticos.

Su éxito o fracaso al final dependerá en gran medida del asesoramiento que esté recibiendo, porque la estrategia debe ser vigilada y moldeada por epidemiólogos y especialistas en el tema y no solo por políticos que vieron qué pasó en Italia y que trataron de “probar cosas”. Habrá que ver de qué están hechos aquellos que asesoran a Enrique Alfaro.

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El Cerebro Habla.