Por Álvaro López.

Siempre me he preguntado por qué a muchas personas les gusta las teorías de la conspiración.

Con esto no quiero decir que los gobiernos nunca nos oculten nada o que no haya nada que no sepamos, sin embargo por alguna razón la gran mayoría de las teorías de la conspiración resultan falsas o nunca se pueden probar con el tiempo.

Las teorías de la conspiración son atractivas por muchas razones, una de ellas es la intriga. Los relatos de la conspiración están llenos de intriga, algo así como si se trataran de un espectáculo hollywoodense: incluso muchas de las teorías de la conspiración terminan siendo muy parecidas al guión de las películas hollywoodenses.

La realidad, me temo, es un tanto más aburrida ya que las películas buscan divertir al espectador y la realidad en sí misma no tiene como fin el espectáculo. Seguramente habrá cosas que no sabemos pero seguramente esos misterios, que nos podrían hacer enojar o podría crear un gran conflicto, tal vez no serán tan intrigantes como se supone que serían.

Otra razón de su atractivo reside en el sentimiento de seguridad. Al individuo no le gusta conformarse con la incertidumbre, tiene una aversión a ella y le angustia. Es algo así como, recordando a Kierkegaard, el quedarse en la punta del precipicio con un terrible miedo a lanzarse pero, a la vez, con un fuerte deseo de hacerlo. Como no sabemos bien cómo funciona el mundo (incertidumbre), las teorías de la conspiración se convierten en ese “arrojarse al vacío”. Los conspiranoicos temen que la realidad sea como creen que es, pero prefieren arrojarse porque ello les da un sentimiento de seguridad, incluso si su creencia es más dolorosa y oscura que la realidad.

Y otra razón tiene que ver con un sentimiento de pertenencia y reafirmación personal. El hecho de saber algo que creen verdadero y que la mayoría de la gente no cree los hace sentirse especiales: yo no estoy siendo engañado como la mayoría de la gente, soy especial. Luego, los conspiranoicos pueden llegar a crear un sentimiento de pertenencia entre ellos. Conviven en los mismos foros, en las redes y hasta organizan congresos internacionales como ocurre con los terraplanistas y los antivacunas.

Dado que alguien siempre es capaz, de alguna u otra forma, de ocultarnos algo, me parece que es válido cuestionar si dentro de un evento hay algo que no sepamos. Es válido que cuestione en mi mente si el Covid-19 pudo ser creado en el laboratorio, pero de aquí en adelante habrá una separación entre aquella persona que busca resolver su duda de forma racional y aquel otro que decide usar una lógica conspiranoica bajo la cual asegura, sin pruebas y con meras conjeturas producto de correlaciones que muy probablemente son espurias, que dicha conspiración sí está ocurriendo.


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El Cerebro Habla.