Álvaro López | El Cerebro Habla 🧠

He hecho varias reseñas de libros de políticos en este espacio: libros de AMLO, de Margarita Zavala y el pasado que escribió Felipe Calderón. A todos ellos les había dado una baja calificación enGoodreads porque me habían parecidos sosos o mediocres, a pesar de que, en algunos casos, su lectura servía para poder analizar al candidato o político en cuestión.

Pero este libro, cuyo título casi parece un plagio del de Hillary Clinton: Hard Choices, no es el caso. De hecho me pareció bastante interesante, a diferencia de su otro libro que me pareció poco más que un informe gubernamental y al cual ni siquiera le hice reseña.

Tengo que decir, antes que nada, que es natural que en estos formatos quasiautobiográficos la autocondescendencia sea casi una condición, y el libro de Calderón no es la excepción. El libro, a diferencia de las memorias de cualquier otro político, tiene otro problema, y es que está escrito no por un político que se ha retirado sino por uno que está en activo y tiene un partido. Ello hace que la autocondescencia sea todavía mayor porque su texto funge como una herramienta promocional y ello queda en evidencia.

Aquí te vas a encontrar un libro de un presidente que hablará miel sobre hojuelas de toda su gestión, donde la autocrítica, si bien no es inexistente es escasa; los errores de su parte que él mencione serán casi anecdóticos y de tal forma que estos no comprometan su integridad moral.

Pero, obviando esto, es un libro que creo vale la pena leer. ¿Por qué? Por el simple hecho de que siempre me ha parecido provechoso conocer el relato personal del ejercicio del poder por parte de quien, valga la redundancia, lo ejerció. Ciertamente, el relato que hace Felipe Calderón de su ejercicio es útil para entender de mejor forma lo que pasa “tras bambalinas”, obviando que no se nos narrará todo y que tratará de hilar una narrativa autocondescendiente.

Si bien el título explica mucho de lo que habla este libro: las decisiones difíciles que Felipe Calderón tuvo que tomar, al final no deja de ser una suerte de autobiografía sobre su trayectoria política.

Pero entonces vamos a empezar con su análisis:

Es de llamar la atención que Felipe Calderón es una persona leída, se nota en el libro. Es una persona que tiene preparación y bagaje cultural. Es decir, tiene cierta preparación intelectual e ideológica lo cual no se puede negar.

Calderón es un político de carrera, de aquellos que comenzó en un partido desde abajo y se preparó para ese fin. Un hombre formado desde “dentro del sistema”. También es obvio que se trata de un ex presidente que trataba de empaparse y adquirir conocimiento relativo a las áreas en las que se involucraba. No se espera que un presidente sepa todo y para ello delega muchas funciones a su gabinete formado por expertos en su área. Este apartado tal vez sea lo más brillante de su presidencia: tuvo un gabinete de primer nivel como pocos y, a su vez, buscaba entender lo que se hacía en las distintas áreas de tal que sabe explicar muy bien todas las actividades en las que estaba involucrado. Muchas luces en el apartado técnico, aunque no así en el político donde presume más bien sombras.

SU POSTURA IDEOLÓGICA

En Felipe Calderón podemos ver a un hombre de centro o centro-derecha, quien en algunos aspectos es conservador, un hombre religioso que creció en un ambiente cercano a su fe. Aún así podemos ver ciertos tintes progresistas como aquellos que tienen que ver con la ecología (tema con el que ha mostrado compromiso aún fuera de la presidencia) y la equidad de género, aunque sin adoptar, claro está, toda la agenda relacionada con el feminismo. Aún así, según lo que nos relata en su libro, procuró que hubiera más espacios de mujeres en su gobierno.

Calderón tampoco era un “ultraconservador”: no es un Jair Bolsonaro (no simpatiza de ninguna forma con el mandatario brasileño) y ciertamente no sólo se opone al populismo de izquierdas sino al de derechas (basta ver su postura beligerante hacia Donald Trump). Ideológicamente es heredero de líderes panistas como Manuel Gómez Morín y Carlos Castillo Peraza quienes no estaban muy a la derecha del espectro político. Era, por así decirlo, del ala moderada del PAN. Esta postura, que tal vez pueda parecer un poco ambivalente, le permitió tejer buenas relaciones tanto con figuras más cargadas a la derecha como su amigo Alvaro Uribe o el ex candidato John McCain hasta líderes socialdemócratas o del partido demócrata estadounidense.





Ello explica por qué no solo los sectores conservadores lo apoyaban, sino también algunos sectores de la intelectualidad liberal. No era tan conservador o “mocho” como para que generara escozor entre aquellos que defendían el Estado laico e incluso algunos sectores progresistas moderados no lo vieron con tan malos ojos y no era tampoco tan “socialdemócrata” como para ahuyentar a los sectores conservadores.

Una de las cosas más llamativas de su libro es que él mismo habla sobre cómo la “ultraderecha” (como él mismo la llama) del miembros del Yunque (organización a quien él mismo menciona) trató de infiltrarse en el PAN. También se refiere en su libro como ultraderechistas a aquellas personas que mantienen posturas políticas muy confesionales como es el caso del ex candidato a gobernador de Jalisco Fernando Guzmán.

En lo económico ocurre algo parecido. A pesar de que es un hombre con convicciones liberales, su liberalismo no era “radical” ni estaba cerca de ser un libertario. Su política económica estaba complementada con algunas “pinceladas socialdemócratas”. Creía en el libre mercado, pero también llevaba a cabo algunos programas sociales sin olvidar que aspiraba a la cobertura de salud universal (el Seguro Popular era, según se decía, un puente para transitar a ello).

SUS “PRIMEROS PININOS”.

En su libro, Felipe Calderón nos cuenta su trayectoria desde abajo, desde cuando su partido estaba condenado a la derrota: ¿Qué caso tiene trabajar con tanto esfuerzo si la gente no nos hace caso y nos roban los votos? Le dijo a su padre Luis Calderón Vega, quien le respondió que esto no lo hacemos por ganar la elección ni el poder, sino por el deber moral que tenemos con México. Calderón se trata de presentar como un hombre de principios, decía que para él el bien común era una obligación ética, postura minoritaria, dice, frente a la idea de que la política es “el arte del poder”. Bajo esa vision, profundamente panista (en sus principios) trata de contrastarse con el típico político priísta. Otra cuestión sería si en su presidencia gobernó o no bajo esos principios.

En su libro, Calderón cuenta cómo inició su relación con Margarita Zavala (quien lo bateó antes de que comenzaran a andar) y cómo se formó dentro del PAN. Nos narra que desde sus inicios conoció a Manuel Bartlett, con quien tuvo que interactuar, y quien representaba lo peor del PRI, aquél PRI de los fraudes y las elecciones amañadas, y quien aplastaba cualquier esfuerzo ciudadano democrático. Calderón le llegó a decir en ese entonces: “me da vergüenza estar sentado en la mesa de los asesinos de la democracia hablando de democracia”.

Calderón narra su candidatura a la gobernatura de Michoacán, la cual perdió. También nos habla de lo que considera fueron sus aportaciones a la construcción del México democrático y cómo vivió varios eventos políticos cuando él estaba en su partido: el asesinato de Colosio, la elección de 1994, el error de diciembre que se lo achaca mayormente al gobierno de Carlos Salinas. El libro incluso tiene varias anécdotas que podrían ser útiles para quienes hacen mercadotecnia política con relación a su vivencia de la campaña del 1994, la del 2000 donde ganó Vicente Fox, y la del 2006 que lo llevó a la Presidencia.

SU PRESIDENCIA

No se cuentan muchas cosas nuevas en torno al 2006. Tal vez haya más novedades en torno a las elecciones internas y cómo vivió una campaña que parecía no despegar que el conflicto electoral con AMLO donde parece que casi todo está dicho. La postura de Felipe Calderón es la que conocemos: que las elecciones fueron limpias, que le sugirieron no apoyar el recuento (lo cual al principio no le parecía tan mala idea) porque eso implicaba que el tribunal, por consecuencia, tuviera que anular la elección.

Lo que sí llama la atención es que la relación con su antecesor fue muy mala. Fox sale muy mal parado en el libro, es mostrado básicamente como un mandatario inepto y blandengue, el cual, narra Calderón, le decía que con el narco “ni le mueva”. Su relación con Fox fue muy ríspida y él mismo reprocha que se haya metido en las elecciones. Narra también como Fox hizo más bien poco para defender su triunfo y para que pudiera ser nombrado como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos en el Congreso de la Unión.



Una de las cosas que más me llamaron la atención y que me parece que fue uno de sus grandes aciertos fue el cierre de Luz y Fuerza del Centro. No sólo porque narra con lujo de detalle cuán ineficiente era la paraestatal, sino por la complejísima tarea que requirió cerrarla sin que el sindicato cortara la luz de todo el centro del país. Fue una operación quirúrgica, muy detallada y sofisticada que requirió del equipo de inteligencia e incluso la resistencia desde dentro de su gobierno quienes temían que todo fuera a derivar en caos. Una anécdota es que Marcelo Ebrard, quien no reconocía su triunfo, accedió a no estorbar las operaciones. 

Mi sugerencia, señor Presidente, es que haga lo que tantos presidentes han hecho antes de usted: nada. No enfrente al SME.
Le dijo el director del CISEN a Felipe Calderón.

De igual forma hace una interesante narración de los que considero fueron sus aciertos como los relativos a la pandemia de 2009 y la crisis económica del 2008 donde explica con lujo de detalle las políticas contracíclicas keynesianas que tomó y cómo funcionan.

Hasta aquí parecería que estoy hablando de un mandatario sumamente eficiente y profesional. Pero también hay oscuros de los cuales Felipe Calderón omite mucho o busca justificaciones.

Uno tiene que ver con Elba Esther Gordillo, alianza que tejió en el 2006 para ganar las elecciones y que le dio básicamente todo el poder de la educación de la maestra en el sexenio. En su libro, Calderón parece buscar excusas como el hecho de que “ya estaba con Vicente Fox” y que por el escenario electoral no podía darse el lujo de hacerla a un lado.

Otro tiene que ver con la reforma de Pemex, donde no tuvo el oficio político para promoverla y que fue bloqueada por el PRI y la izquierda. Habla de todo menos de la falta de oficio que su gobierno tuvo.

¿La Guardería ABC? Ni siquiera es mencionada.

De lo relativo al combate al narco habla de las resistencias que tuvo, de las críticas que recibió desde la izquierda (y el PRI) y por qué era necesario hacer algo al respecto (no sin recordar una que otra vez la ineptitud de su antecesor). Aquí sí es de subrayar que reconoce que la estrategia no pudo concluirse y que al día de hoy las cosas están bastante peor, aunque tengo que decir que su justificación (en lo operativo) no me termina de convencer del todo. Creo que sí se tenía que hacer algo al respecto, pero creo que es sano preguntarse si la estrategia implementada fue la más adecuada.

Por otro lado habla de la detención de Genaro García Luna como por compromiso, como para que el lector no se vaya a preguntar por qué lo omitió. La realidad es que es de las partes más decepcionantes del libro y se limita a decir que espera que el juicio sea justo y apegado a derecho… y que si se llegara a demostrarse su culpabilidad, y se probaran los hechos de los que se le acusa, ésta sería una gravísima falta a la confianza depositada en él por la sociedad. La respuesta me parece poco convincente, y es que uno se pregunta cómo Felipe Calderón nunca supo en qué pasos andaba quien fue su mano derecha en su sexenio. Me parece algo ingenuo, partiendo de que fue un presidente que trataba de involucrarse en todas las áreas de su gobierno y cuya bandera fue el combate al narcotráfico.

EL PAN

Si hay alguna entidad que sale muy mal parada aquí es el propio PAN. Felipe Calderón narra cómo es que ese partido se ha ido degradando a lo largo del tiempo, cómo algunos intereses han tratado de influir en él y cómo terminó emulando las prácticas del PRI que tanto aborrecían al punto que se salió de su partido. Las referencias a Ricardo Anaya no son escasas y lo muestra básicamente como un hombre corrupto que hace las “mismas trampas del PRI. Lo cierto es que aquí Calderón se muestra como el bueno de la historia y evidentemente solo cuenta su parte. No son pocas las voces que decían que mientras fue presidente mantuvo una relación autoritaria para con su partido, pero en este apartado las críticas brillan por su ausencia.

LÓPEZ OBRADOR

No son pocos los que se encuentran hartos de la obsesión mutua entre Felipe Calderón y López Obrador. La realidad es que ambos se necesitan. Calderón necesita contrastar con él para posicionarse y López Obrador porque necesita un “enemigo” en medio de un país donde la oposición es casi inexistente.



Hablaba de que este libro no es un simple libro de memorias, sino que también tiene un propósito en su carrera política (que aún no termina y que hasta partido tiene). Uno de los pilares de este libro es contrastarse con López Obrador. Si López Obrador es un improvisado, yo soy un técnico; si AMLO es autoritario, yo soy demócrata.

Inclusive al final del libro le dedica una carta que dice haberle enviado para hacerle algunas sugerencias respecto a su gestión, la cual está escrita de una forma poco confrontativa y amistosa, pero donde busca mostrar un contraste entre su gobierno y el de él. Le dice a López Obrador dónde la está regando y qué haría él en su lugar de acuerdo a su experiencia propia como para mostrar a su movimiento-partido como una alternativa eficaz y contrastante con este gobierno.

CONCLUSIÓN

Evidentemente no contaré todas las anécdotas e historias del libro para el lector las lea y no le arruine la lectura, pero sí he resumido aquello que más me ha llamado la atención y he buscado contextualizar el libro en el escenario político actual.

Es evidente el propósito de Felipe Calderón con este libro, pero con todo ello creo que vale la pena su lectura, incluso para aquellos que son opositores a su figura. Siempre será interesante cómo vive y qué piensa un presidente cuando tiene que tomar decisiones complicadas.

Sin sostener que fue un gran presidente, sí creo que ha sido el más aceptable de este milenio. Se supo rodear de gente muy técnica o preparada, técnica que en este sexenio brilla por su ausencia. Sin embargo, el oficio político no fue uno de sus atributos y ello explica por qué, a pesar de que comandó un gobierno que mantuvo al país estable y lo logró mantener a flote en las crisis más complicadas, no logró trascender y ser ese “gran presidente del cambio” (ese papel que Fox no quiso tomar). No podemos hablar de reformas estructurales importantes ni del combate a las estructuras clientelares que tanto decía aborrecer, el narcotráfico sigue aquí (a pesar de que es cierto que al final de su sexenio los índices de violencia comenzaron a bajar).

La capacidad técnica para hacer una transformación existía, no así la política. Y tal vez así podremos recordar este sexenio, de un buen técnico, pero que políticamente no fue tan hábil.