18/01/21

Hoy en día con la nueva normalidad, las personas enfrentamos nuevos retos para los que no estábamos preparados. Principalmente la población joven menor de 25 años. Es bien sabido que antes de la crisis sanitaria por el coronavirus, los segmentos generacionales como los millenials y los GenZ, presentan una fragilidad económica por la desigualdad de ingresos, el estancamiento de salarios o por el elevado costo de las viviendas.

Con la llegada del COVID-19, las condiciones de estabilidad económica y social se agravaron aún más para las jóvenes generaciones, quienes en la actualidad vivimos en un sistema de salud, político, económico, ambiental y cultural completamente desgastado, difícil de reparar, producto de los sistemas de gobiernos supeditados a las fluctuaciones del mercado, que han agravado las desigualdades de las personas en general. Sumando enfermedades sociales como el racismo, la xenofobia, la homofobia, el machismo, el hembrismo, entre otras.

Es lamentable que las y los millenial así como los GenZ, seamos calificados de sensibles y puritanos, precisamente porque no normalizamos la desigualdad política, económica y social en la que nos desarrollamos, ni mucho menos sistematizamos las enfermedades sociales dentro del lenguaje. Las antiguas generaciones acaso se han preguntado ¿qué clase de mundo es el que le están dejando a las nuevas generaciones?.

Posiblemente no lo han pensado, al menos en los últimos 40 años se han dado grandes consecuencias para el ambiente, como la explotación salvaje de la naturaleza, la contaminación y la desaparición de la mitad de las especies animales. En el rubro de salud, se recibió un virus de carácter global que ha denostado la baja atención de los gobiernos al sistema de salud. En el sector económico, salarios bajos sin prestaciones como seguro social o vacaciones. Y en el ámbito Político, las mismas personas de siempre ocupando los puestos públicos o nuevas personas que son mucho peores que las de siempre.

Sin duda, la enorme responsabilidad de normar todos los aspectos ya mencionados para su efectiva ejecución es tarea fundamental de los gobiernos. Sin embargo, los gobiernos legislan para su vejez, y sobre todo para proteger sus privilegios, manteniéndose en los mismos lugares y ejecutando discursos que nada tienen que ver con la realidad. Es por ello que existe un mundo prácticamente destrozado.

Otro factor fundamental que disminuye la posibilidad de crear jóvenes liderazgos con criterio propio es el exceso de información a la que todos y todas están expuestos. Información malversada de acuerdo a los intereses de los grupos políticos. Aquellos grupos que dicen ser la innovación, ser diferentes, pero en la realidad tienen las mismas y hasta peores prácticas al interior de sus partidos.

A propósito de los registros de los diferentes partidos para las candidaturas a Diputaciones Federales y Locales de Mayoría Relativa y Representación proporcional; las y los jóvenes debemos aprovechar para inscribirnos dentro de estos espacios; además de beneficiarnos de las cuotas de paridad y las acciones afirmativas dictadas desde el Consejo General del INE; sin dejar pasar la toma de una conciencia amplia de lo que se nos ha heredado. En nuestras manos está el compromiso de conocer la historia, y de no repetir las viejas acciones.

Hoy debemos trabajar por arrebatarle los espacios del servicio público a los viejos discursos, a las mismas personas de siempre. Porque esos son los espacios adecuados para generar políticas ambientales, de salud, bienestar social y de apoyo a los sectores vulnerables que conforman la sociedad. Tomar los espacios que dan las plataformas digitales, las universidades, los gobiernos etcétera, para conseguir un país con mejores oportunidades para todos y todas.

Es momento de deconstruir a las antiguas generaciones, desenmascararlas de todos aquellos centros que los ayudan a conservar sus privilegios. Es hora de destruir los discursos superficiales y los saberes construidos para transformar la realidad.