Ya sin AMLO, Morena empieza a mostrar su verdadero rostro



Jorge Montejo 

8 de agosto de 2025

Apenas han pasado unos meses desde que Andrés Manuel López Obrador dejó la Presidencia, y el disfraz de “justa medianía” que Morena usó durante años comienza a resquebrajarse. Hoy, con más libertad que vergüenza, una camada de nuevos ricos con credencial morenista presume lo que tanto criticaban: viajes internacionales, restaurantes de lujo, cirugías estéticas, relojes carísimos y penthouses en zonas exclusivas. Como si el pueblo no tuviera memoria. Como si el proyecto original no hubiera tenido sentido.

La lucha de quienes fundaron el Movimiento de Regeneración Nacional fue invaluable. Activistas, maestros, defensores sociales, personas que arriesgaron todo —sin fuero ni lujos— por un cambio real, apostaron por un México más justo, sin privilegios ni simulaciones. Muchos lo hicieron incluso en condiciones de pobreza, perseguidos y marginados por el viejo régimen.

Y sin embargo, desde hace años, algo comenzó a quebrarse.

¿De verdad AMLO no sabía lo que iba a pasar? ¿Nadie le advirtió que permitir la entrada masiva de expriistas, ex panistas, ex perredistas y oportunistas sin ideología destruiría el alma del movimiento? Por supuesto que lo sabía. Fue una apuesta táctica: ganar con todo lo que se pudiera, aunque eso significara hipotecar la coherencia.

El resultado está frente a nuestros ojos. Una implosión de valores, una contradicción andante: dirigentes que hablan de austeridad desde un yate, legisladores que se dicen del pueblo mientras vacacionan en Europa, funcionarios que predican la ética en hoteles de cinco estrellas. La transformación que prometieron fue solo una mudanza de siglas.

Hoy, el ridículo es monumental. Los “nuevos” morenistas son los mismos dinosaurios de siempre, solo que con filtro progresista. Y lo peor es que ya no lo ocultan. Presumen sus lujos con la misma impunidad con la que antes lo hacían los que decían combatir. Porque no tienen ideales, tienen intereses. Porque no representan al pueblo, sino a sí mismos. Porque nunca creyeron en nada, más allá de sus cuentas bancarias.

Lo peor de la clase política ya brincó a Morena. Y eso, paradójicamente, podría ser lo mejor que le pase a México: que ese partido, con todo el lastre del viejo régimen reciclado en su interior, pierda. Que caiga por su propio peso. Que se desinfle ese globo de simulación, de falsas esperanzas y de discursos huecos.

Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que los partidos que pierden el alma acaban perdiendo todo.