Por Álvaro López.

Siempre he dicho yo que un empresario tiene un compromiso moral con la sociedad o las sociedades en las que está inserto, que tiene que ver con el respeto al entorno en el cual se desempeña. Es decir, un empresario debería poder hacer negocios libremente evitando que sus actividades perjudiquen su entorno y que el trato con las demás personas (empleados, clientes, proveedores y demás) sea humano.

Dicho compromiso moral no debe necesariamente estar calificado por el Estado (aunque ciertamente varios de los reglamentos están enfocados a ello). Más bien tiene que ver con la ética y la moral, con las normas sociales y que habla de la honorabilidad del empresario, el cual puede ser juzgado por la población en caso de que las trasgreda.

La actitud que Ricardo Salinas Pliego ha tenido en estas últimas semanas es una clara trasgresión a ese compromiso moral que deberíamos esperar de un empresario. El magnate ha decidido poner sus intereses económicos sobre el bienestar general de la población. Salinas ha preferido tener a toda la gente trabajando (y sin protección, como atestiguan algunos videos) en tiempos de pandemia, sin importar el riesgo que implica para ellos, sus familiares y toda la sociedad, que tratar de preservar su integridad.

Hoy en día hay muchas empresas medianas y pequeñas que están haciendo muchos sacrificios económicos para que sus negocios puedan seguir existiendo y puedan seguir dando trabajo a su plantilla laboral. Algunos hasta se han esforzado para poder seguir pagando a sus empleados mientras están encerrados en sus casas. Es evidente que Salinas Pliego no corre con el riesgo de que sus negocios quiebren ni debe estar preocupado de qué dar de comer a su familia. Pero Salinas no solo ha decidido mantener a su plantilla trabajando, sino que ha exhortado a todo mundo a hacer lo mismo a través de sus medios de comunicación, contraviniendo no solo las recomendaciones de las autoridades, sino la del consenso de científicos, epidemiólogos y expertos.

Es decir, Salinas Pliego no tiene argumentos para decir que “está pensando fuera de la caja” o está manejando la crisis desde otra perspectiva. No es siquiera quién para hacerlo porque no es epidemiólogo ni tiene los conocimientos en el tema. Para justificarse tan solo ha recurrido a unos pocos que sugieren una alternativa y tal vez sin siquiera entenderla: básicamente se trata de ese clásico sesgo de confirmación por el cual un individuo contenido que coincida con su postura.

La “osadía” de Salinas Pliego no terminó ahí. Se le ocurrió que por alguna u otra razón que no sabemos a ciencia cierta (y sobre la cual no profundizaré porque no tenemos la información suficiente) había que desprestigiar públicamente a Hugo López-Gatell. La intencionalidad es evidente. No se trataba de una nota periodística cualquiera, sino de un mensaje que tenían necesidad de que se propagara y creara el máximo impacto posible. No es la primera vez que TV Azteca hace estas campañas de desprestigio para destruir a los obstáculos que se le ponen enfrente a los intereses de Salinas Pliego, de hecho es una práctica muy común: ahí están los Saba, la aseguradora ING a la cual logró correr del país, Cuauhtémoc Cárdenas o el diario Reforma.

El mensaje que fue dado por Javier Alatorre, independientemente de si la acusación es verdadera o falsa, contraviene en su totalidad a la ética periodística. No solo se presentó la acusación sin darle voz al acusado, sino que no se presentaron pruebas fehacientes (un gobernador del partido en el gobierno acusando a Gatell de haber manipulado la información que se le envió no es en sí una prueba dado que dicho gobernador podría estar mintiendo). Lo peor es que no solo no se presentó evidencia suficiente, sino que se le dijo al espectador no sólo lo que debería pensar sino lo que debería hacer: ignorar a López-Gatell.

Criticar la metodología, los errores o las omisiones de López-Gatell es libertad de expresión. Llamar a los espectadores a desobedecer a las autoridades sanitarias es una aberración de lo más baja y que puede por sí misma poner en riesgo las vidas de muchos mexicanos. Decir: “ya no hagan caso a López-Gatell” implica invitar a los televidentes a ignorar lo que las autoridades sanitarias digan desacreditando su autoridad moral.

¿Qué fue lo que ocurrió? Hasta hoy no lo sabemos exactamente y lo que abundan son las especulaciones. Llama la atención que López Obrador, si bien de alguna manera trató de recobrar la legitimidad de López-Gatell, se mostró complaciente con el actuar de la televisora al decir que “su amigo Javier Alatorre se equivocó y que respeta su uso de la libertad de expresión”, lo cual levanta sospechas sobre la relación entre este gobierno y Ricardo Salinas Pliego, quien ha visto sus cifras crecer en este sexenio en parte por su cercanía con la 4T (Banco Azteca administra los programas sociales y básicamente tienen el control de la Secretaría de Educación por medio de Esteban Moctezuma). Hasta el Chicharito, quien solo había expresado su sentir sobre este gobierno, recibió una reprimenda más fuerte por parte de AMLO que la que recibió Javier Alatorre (ya no digamos Salinas Pliego quien ni siquiera fue mencionado).

La actitud de Ricardo Salinas Pliego va a costar vidas que pudieron haberse salvado, incluída seguramente la de alguno o algunos de sus empleados. La ética del magnate, si ya bien antes era algo cuestionable por algunos sectores, hoy ha quedado en entredicho.


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El Cerebro Habla.