El fin de la pandemia y de las medidas relativas a la Jornada Nacional de Sana Distancia no están muy cerca y desde luego no se tiene una fecha definitiva para su conclusión. Política y económicamente esta pandemia ha demostrado la vigencia del sistema mexicano y en particular de las políticas neoliberales. El Estado no debe ser nunca más un simple administrador de los servicios públicos y la ciudadanía debe dejar de ser un sujeto pasivo que se limita a ejercer su derecho al voto (en el mejor de los casos) cada 6 años.

El fin de la pandemia debe poner sobre el debate público, la necesidad de transformar realmente la forma de hacer política en México y particularmente en Hidalgo. Municipios y poderes públicos deben cesar su función de agencias de colocación de empleo, por el contrario, deben convertirse en la primera línea de contacto con el pueblo hidalguense y construir en conjunto un “modo de vivir” que beneficie a la mayoría.

Que, en el final de la pandemia, nada sea como antes y tengamos la capacidad de construir proyectos transformadores impulsados desde abajo, poniendo en el centro del debate, las necesidades de las y los que menos tienen.

En el plano económico surge otra discusión fundamental: ¿Es este modelo económico, centrado en las ganancias de unos cuantos y el enriquecimiento a través del ejercicio del poder público el que necesita nuestro país para garantizar la vida de sus ciudadanos? Desde luego que no, por eso ahora cobran una enorme relevancia las políticas de austeridad, de bienestar, de recaudación, así como de redistribución de la riqueza que impulsa el gobierno de México.

Al final de la pandemia, que nada sea como antes.